Mujeres en Taal, Batangas, siguen practicando el arte centenario del bordado a mano conocido como Burdang Taal a pesar de la competencia de alternativas más baratas hechas a máquina.
En Taal, Batangas, burdareras como Mary Jane Marcellana, Dorina Baja y Lorenza Piol trabajan en terrazas usando bastidores para crear el Burdang Taal sobre tela de piña o jusi. El proceso incluye el pagdidibujo para los diseños, la costura a mano sin dedales y el pagka-calado para el acabado. Los historiadores rastrean este arte hasta el periodo colonial español, cuando las monjas lo enseñaron a las mujeres locales.
Los barongs bordados a máquina representan ahora el 65 por ciento de los ingresos del mercado, dejando a las piezas bordadas a mano con un 35 por ciento. Las burdareras ganan alrededor de 120 pesos por pieza, una cantidad que no ha seguido el ritmo del aumento de los costos. Mary Jane Marcellana, de 56 años, comentó que los clientes prefieren las versiones de fábrica más económicas.
Las unidades de gobierno local suministran telas y kits, mientras que la TESDA ofrece capacitación. Un museo rinde homenaje a la pionera Ka Naty Sison Noche en la calle R. Noble. Lorenza Piol, de 68 años, quien comenzó a los siete, imparte talleres y pide programas más amplios para atraer a practicantes más jóvenes. Ella afirmó: “Mientras respiremos, nos aseguraremos de que el Burdang Taal sobreviva. Lenta pero seguramente”.