Siguiendo el reciente respaldo de Elon Musk a Optimus tras la visita al laboratorio del inversor Jason Calacanis, Tesla apuesta fuerte por sus robots humanoides para alcanzar una valoración de 25 billones de dólares —más del 80 % de robótica— pese a no cumplir objetivos de producción de 2025 y ventas de coches en declive.
La visión de Elon Musk posiciona a los robots humanoides Optimus de Tesla como el camino de la compañía hacia una valoración de 25 billones de dólares, potencialmente representando más del 80 % de su capitalización de mercado. Con una población global de 8.000 millones, Musk proyecta una demanda de 10.000 millones de unidades para 2040, a 20.000 dólares cada una, sirviendo como mano de obra de propósito general en fábricas y hogares. Esta ambición aprovecha la tecnología de conducción autónoma de Tesla, con Musk comparando un coche autónomo con «un robot sobre ruedas» y Optimus con «un robot sobre piernas», compartiendo algoritmos de IA y chips para avances mutuos. El cambio gana urgencia ante los problemas del sector automovilístico: las ventas globales de 2025 cayeron un 8,6 %, con BYD superando a Tesla en volumen. Recientemente, tras la visita de Jason Calacanis al laboratorio en enero de 2026 y su discusión en CES alabando Optimus V3, Musk afirmó en X que los robots eclipsarían el legado de coches de la compañía, reafirmando su enfoque de largo plazo en IA sobre vehículos. Sin embargo, la producción se queda corta frente a la ambición. Tesla se propuso 5.000 unidades en 2025 para pruebas, pero solo entregó cientos, limitadas a pruebas internas debido a desafíos en manos dexterosas, componentes caros y una cadena de suministro inmadura. A diferencia de los automóviles, la robótica humanoide requiere piezas de precisión innovadoras, lo que ha provocado un reajuste de personal desviando ingenieros de los vehículos. Con una capitalización de mercado de 1,46 billones de dólares, las acciones de Tesla dependen del progreso de Optimus, respaldadas por el optimismo de los inversores pese a los obstáculos. Los objetivos audaces de Musk han impulsado éxitos pasados, pero las realidades manufactureras ponen a prueba esta apuesta.