Tras la orden ejecutiva del presidente electo Donald Trump de la semana pasada que designa el fentanilo como 'arma de destrucción masiva', analistas señalan que se alinea con los esfuerzos antidrogas EE.UU.-China en curso sin tensar lazos. Canadá busca por separado una colaboración más profunda con China para frenar precursores de fentanilo que entran en Norteamérica.
La orden ejecutiva de Trump, firmada el 15 de diciembre en medio de honores a tropas que aseguran la frontera, enmarca el tráfico de fentanilo por carteles como una amenaza a la seguridad nacional y terrorismo, advirtiendo de su potencial weaponización para ataques masivos. Dirige a altos funcionarios —incluidos secretarios de Estado, Defensa y Seguridad Nacional— a intensificar respuestas, basándose en designaciones previas de carteles y ataques marítimos.
Aunque no nombra países, la medida subraya la letalidad del fentanilo (tan solo 2 mg letal) y aborda sintéticos emergentes como las nitazenas. Trump destacó 200.000-300.000 muertes anuales en EE.UU., aunque datos oficiales muestran totales de sobredosis más bajos.
Analistas ven la etiqueta de ADM como 'no necesariamente mala' para las relaciones EE.UU.-China, dada la cooperación bilateral en la crisis de opioides en medio de tensiones por comercio y Taiwán. Por separado, el zar del fentanilo de Canadá, Kevin Brosseau, dijo a Bloomberg que su país quiere lazos más cercanos con China para bloquear precursores, enfatizando que es colaborativo, no acusatorio.
La orden escala herramientas federales contra carteles, potencialmente ayudando a asociaciones internacionales para detener flujos transfronterizos.