Durante diez años, la granja colectiva La Tournerie en Haute-Vienne ha prosperado con un modelo innovador que atrae a productores de toda Francia y clientes fieles. Estos jóvenes agricultores ganan alrededor del salario mínimo, que basta para una vida modesta. El enfoque difiere de la agricultura tradicional al enfatizar la diversidad y la cercanía a los consumidores.
La granja La Tournerie, situada en Coussac-Bonneval en Haute-Vienne, representa un éxito duradero en la agricultura colectiva. Establecida hace diez años, reúne a productores de toda Francia, que cultivan y procesan diversos productos allí. A diferencia de la agricultura tradicional, este modelo enfatiza la colaboración y las ventas directas, atrayendo una base de clientes fieles.
Cada martes y viernes, unas cien personas acuden a la tienda de la granja, que se parece a un pequeño supermercado con estanterías variadas. Mimi, una jubilada, es una de las habituales más fieles. Llega diez minutos antes de la apertura a las 18:00 y viene desde el inicio de la granja. «Incluso cuando trabajaba, me aseguraba de salir pronto para estar aquí, ¡y vengo desde el principio, hace diez años!», dice con orgullo.
Esta cercanía se refleja en los propios productos. Por ejemplo, una botella de cerveza luce el rostro sonriente de Mimi, ilustrando los fuertes vínculos entre la granja y sus clientes. Los jóvenes agricultores que lideran este proyecto indican que su salario, equivalente aproximadamente al mínimo, les permite una vida digna. Esta iniciativa colectiva demuestra que la agricultura alternativa puede perdurar y prosperar, ofreciendo calidad y accesibilidad a los consumidores locales.