En la prefectura de Hiroshima, el agricultor Takeyuki Satokawa, de 81 años, y su esposa Masako, de 77, cesaron el cultivo de arroz en sus arrozales familiares en 2024 debido a la edad avanzada y los costes crecientes. Este otoño pasado fue la primera vez que compraron arroz de otro cultivador. Un miembro de una cooperativa agrícola señaló que, aunque formar sucesores es crucial, muchos agricultores han estado demasiado ocupados solo con sobrevivir para hacerlo.
Takeyuki Satokawa, de 81 años, y su esposa Masako, de 77, residentes en Higashihiroshima, prefectura de Hiroshima, pusieron fin en 2024 a décadas de cultivo de arroz en pequeños arrozales familiares. La decisión se debió principalmente a la disminución de la fuerza física por la edad y al aumento de los costes de producción, como fertilizantes y combustible. En el otoño de 2025, compraron por primera vez arroz cultivado por otros, y un día de principios de noviembre, sosteniendo tazones de arroz recién cocido, dijeron juntos: “Vamos a comer”. La historia de la pareja pone de manifiesto desafíos más amplios en la agricultura rural envejecida de Japón. Un miembro de una corporación cooperativa agrícola explicó: “Formar a un sucesor es importante, pero la mayoría de los agricultores han estado demasiado ocupados intentando sobrevivir”. Problemas similares son evidentes en regiones como la prefectura de Shimane, lo que genera preocupaciones sobre la sostenibilidad de la producción de arroz. En todo Japón, la población agrícola está envejeciendo rápidamente, agravada por la despoblación rural, lo que pone en peligro el futuro del sector. Más agricultores, como los Satokawa, optan por retirarse para no cargar a sus hijos, como refleja el sentimiento de “Solo sería una carga para nuestros hijos”. Esta tendencia alimenta debates sobre cómo mantener la autosuficiencia alimentaria local en medio de cambios demográficos。”}}}},