Un nuevo Atlas de la Desertificación revela que el 43,35% del territorio español está degradado, con la desertificación afectando al 60,94% de las zonas áridas. El estudio, elaborado por la Universidad de Alicante y el CSIC, destaca las regiones más vulnerables como Murcia y Canarias. La gestión del agua se presenta como clave para mitigar el avance del problema.
El deterioro del suelo en España ha alcanzado niveles alarmantes, según el primer Atlas de la Desertificación elaborado por la Universidad de Alicante y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Este informe cuantifica que la degradación afecta al 43,35% del territorio nacional, mientras que la desertificación impacta en 206.203 kilómetros cuadrados, equivalentes al 60,94% de las áreas áridas.
La distribución regional muestra contrastes notables. Murcia lidera con el 99,8% de su suelo clasificado como árido, seguida de Canarias (92,7%), Castilla-La Mancha (90,5%), Baleares (85,4%) y la Comunitat Valenciana (84,4%). En el polo opuesto, comunidades como Cantabria, Galicia y Asturias no registran zonas áridas. Las áreas más afectadas incluyen el sureste peninsular, la meseta manchega, el sur de Extremadura, zonas vitivinícolas de Castilla y León y La Rioja, así como partes de los valles del Ebro y Guadalquivir.
El atlas, compuesto por 66 mapas, utiliza un algoritmo Random Forest para integrar variables como clima, agua, suelo, cubierta forestal y biodiversidad, junto con factores sociales alineados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Destaca que el 42% del territorio consume más del 80% del agua dulce del país, y que cuatro de cada cinco habitantes residen en zonas áridas. Solo se reutiliza el 12% de los 4.000 hectómetros cúbicos de agua urbana consumida anualmente.
Los investigadores proponen medidas como la reutilización de aguas residuales, la mejora de redes para reducir pérdidas, la desalinización y trasvases, en un contexto de lluvias irregulares y temperaturas crecientes. El cambio climático y el uso insostenible de recursos agravan el proceso, haciendo esencial una visión integrada para diseñar respuestas territoriales específicas.