Brasil, referencia en energía limpia, tendrá que aumentar la generación en plantas térmicas de combustibles fósiles debido a la disminución de la participación de las hidroeléctricas en su matriz eléctrica. Esto se debe al crecimiento de fuentes intermitentes como la solar y la eólica, que requieren respaldos constantes. Estudios proyectan mayores emisiones de CO2 para 2040, aunque se discuten alternativas como baterías.
Referencia global en la producción de energía limpia, Brasil enfrentará un aumento en la generación de plantas térmicas alimentadas por gas natural, petróleo y carbón en los próximos años. Según un estudio de la consultora Aurora Energy Research, la participación de las hidroeléctricas en la capacidad instalada caerá del 42% en 2026 al 36% en 2030 y 28% en 2040. En contraste, las plantas térmicas —fuentes de combustibles fósiles vinculadas al calentamiento global— subirán del 10% al 16% en 2030 y 18% en 2040. El Plan Decenal de Energía de la EPE, entidad vinculada al Gobierno, confirma esta tendencia: para 2034, más del 6% de la electricidad provendrá de térmicas de combustibles fósiles, frente al 3% actual, mientras que la hidroeléctrica caerá del 56% al 47%. Los expertos ven estas proyecciones como optimistas, anticipando un mayor uso térmico debido al cambio climático que afecta las precipitaciones. La expansión de paneles solares y turbinas eólicas requiere fuentes constantes para períodos sin sol o viento. Sin nuevas hidroeléctricas con embalses —por impactos ambientales y sociales—, el rol de respaldo recae en las térmicas. «Desde hace algunos años, no estamos construyendo plantas con embalses; las últimas hidroeléctricas que construimos fueron de fio de río, que tienen baja controlabilidad», dice Roberto Brandão, del Grupo de Estudios del Sector Eléctrico de la UFRJ. «Desde un punto de vista práctico, el sistema necesitará más térmicas.» Las emisiones equivalentes de CO2 en la matriz eléctrica subirán a 24 millones de toneladas en 2034, desde 14 millones en 2024, según la EPE. Iema compara el aumento de 10 millones de toneladas con una flota de 25 millones de autos nuevos circulando 10 km diarios durante un año. Alternativas incluyen baterías para almacenamiento, pero el Gobierno se resiste, con disputas por costos: la EPE estima R$ 5.000 a R$ 9.500 por kW, mientras que Absae calcula R$ 4.668. «El almacenamiento de energía en baterías sería un complemento interesante», dice Fábio Lima, de Absae. Aurora proyecta una necesidad de 47 GW de fuentes flexibles para 2045, equivalente a más de tres Itaipús. Rodrigo Borges, de la firma, señala: «Es posible reducir el crecimiento de emisiones sin comprometer la seguridad del sistema, pero esto depende de la penetración y velocidad de las tecnologías de flexibilidad de bajo carbono.» Opciones incluyen hidroeléctricas reversibles con menor impacto ambiental. Abrage estima 30 GW de potencial hidroeléctrico restante, y una nueva ley de licenciamiento ambiental podría facilitar las construcciones.