Un hombre de 80 años llamado Manny escribió a la columna de consejos de Rappler explicando su deseo de traer de vuelta a su cuidadora preferida, Angel, después de que sus hijos la retiraran sin su conocimiento.
Manny, quien sufrió un derrame cerebral a los 75 años seis semanas después de la muerte de su esposa, informa que no ha afectado su salud mental ni su habla. Usa bastón o silla de ruedas cuando lo necesita, pero no requiere apoyo financiero de sus hijos, aunque aprecia cualquier 'baon' que le den. A los 80, sus hijos insistieron en contratar una cuidadora, y solo le gustaba Angel, una mujer joven sin credenciales formales que lo escuchaba más que los demás. Angel se fue abruptamente hace tres meses sin explicación; Manny supo después que sus hijos le pidieron que se fuera y regresó a la provincia de Nueva Ecija. Ha probado tres cuidadoras más desde entonces, pero sigue insatisfecho con ellas. Cuando les dijo a sus hijos que quería traer de vuelta a Angel, se lo prohibieron. En su respuesta, Jeremy Baer cuestiona por qué Manny, en pleno uso de sus facultades, permitió esta interferencia y sugiere convocar una reunión familiar para afirmar el control sobre su vida y establecer límites. La Dra. Margarita Holmes lo anima a contactar directamente a Angel si es posible, enfatizando su derecho a la independencia como hombre adulto. Nota que las cuidadoras atienden no solo necesidades físicas sino también sociales, citando el libro de 2024 de la terapeuta con formación en Harvard Kasley Killam 'The Art and Science of Connection', que destaca el rol de la salud social en el bienestar. La columna enmarca la situación como una posible lucha de poder entre Manny y sus hijos, con Angel como peón involuntario.