La Dra. Jamela Basani Hoveni argumenta que las mujeres negras mayores en el sur rural de Sudáfrica realizan cuidados infantiles no remunerados, subsidiando efectivamente a empleadores estatales y privados a través de subvenciones sociales. Basándose en experiencias en Mafarana, Limpopo, destaca la carga sobre estas abuelas en medio de altas tasas de pobreza infantil.
Los hogares rurales en Sudáfrica dirigidos por mujeres negras mayores, donde viven muchos niños, dependen de las subvenciones sociales para sobrevivir. Estas mujeres proporcionan cuidados infantiles no remunerados debido a la falta de infraestructura, apoyando a la fuerza laboral en una economía de bajos salarios, según la Dra. Jamela Basani Hoveni, jefa de Política e Investigación en la Comisión para la Igualdad de Género. Su análisis se centra en las abuelas en Mafarana, Limpopo, que cuidan de sus nietos en medio del desempleo, enfermedades parentales o muerte de los padres. Los niños africanos negros tienen más probabilidades de vivir sin ninguno de los padres y en hogares multigeneracionales marcados por la pobreza (73,2 % de tasa de pobreza para niños africanos negros, en comparación con 43,6 % para coloured, 6,1 % para blancos y 20,1 % para indios). La pobreza infantil afecta más duramente a las áreas rurales, con programas deficientes de Desarrollo de la Primera Infancia señalados en el Informe País SDG 2023 de Sudáfrica. Las políticas del apartheid han dejado a las mujeres negras desproporcionadamente responsables del cuidado en entornos con recursos limitados, agravado por sequías y enfermedades inducidas por el cambio climático. Las abuelas extienden el cuidado más allá de las necesidades físicas, incluyendo la socialización cultural a través de la narración oral tsonga e invocando la filosofía Ubuntu: «munhu i munhu hi vanhu», enfatizando la interdependencia. Este rol contribuye a la pobreza de tiempo, menor bienestar, retrasos escolares para las niñas, baja participación en la fuerza laboral femenina y brechas salariales de género. Hoveni llama a políticas que reconozcan y redistribuyan el trabajo de cuidado no remunerado para apoyar la igualdad de género.