A partir del 1 de enero de 2026, los ex primeros ministros y ministros de Interior dejarán de recibir vehículos con chófer, secretarías o protección policial de por vida. Esta medida, firmada por el primer ministro Sébastien Lecornu, limita estos beneficios a un período restringido en medio de restricciones presupuestarias. Se mantienen excepciones por razones de seguridad.
El 1 de enero de 2026 pone fin a los privilegios vitalicios para los ex primeros ministros y ministros de Interior franceses. El primer ministro Sébastien Lecornu firmó el decreto que lo hace efectivo, considerándolo «inconcebible» que estos cargos reciban beneficios permanentes por un «estatus temporal». Ya a mediados de septiembre, declaró que «la República protege a las personas sometidas a amenazas, [pero] no es concebible que se beneficien de ventajas de por vida».
Estos privilegios incluían un vehículo de servicio con chófer, una secretaría y protección policial. Ahora, se limitan: solo quienes dejaron el cargo hace menos de dos años, o necesitan protección por razones de seguridad, los conservan. Las excepciones incluyen a Manuel Valls y Bernard Cazeneuve por sus roles en los atentados de 2015, Christophe Castaner por la crisis de los chalecos amarillos, y Édouard Philippe, candidato presidencial.
Diecisiete ex primeros ministros, desde Laurent Fabius hasta François Bayrou, y tantos ex ministros de Interior, desde Pierre Joxe hasta Bruno Retailleau, se ven afectados. En 2023, estos beneficios costaron 1,423 millones de euros para ex primeros ministros (excluyendo seguridad), o unos 1,5 millones de euros anuales en total.
La medida, simbólica pero ahorradora, cuenta con amplio consenso. Dominique de Villepin la califica de «totalmente normal» para dar ejemplo. Sin embargo, Daniel Vaillant, de 76 años, ex ministro con Lionel Jospin, expresa preocupaciones: «Tengo 76 años, no estoy bien de salud [...] ¿Cómo me las arreglo yo?», cuestionando si es un «elección política». Élisabeth Borne cita «problemas de seguridad» ligados a sus reformas. Vaillant, que no conduce desde hace 25 años, acepta: «Nunca he estado a favor de los privilegios. Sigo siendo socialista.»
En medio de estrictas restricciones presupuestarias, esta decisión resalta los esfuerzos de austeridad del Estado.