El Estado francés ha finalizado la venta del Palais Saint-Melaine en Rennes, un monumento histórico adquirido en 1793, a un promotor local que lo convertirá en viviendas y oficinas. Situado cerca del parque Thabor, la propiedad había servido diversas funciones públicas antes de ser considerado innecesario en 2021. Este acuerdo destaca los desafíos del Estado para deshacerse de sus bienes inmuebles.
En Rennes, capital de Bretaña, el Estado francés firmó el 15 de diciembre la transferencia del Palais Saint-Melaine, un edificio que posee desde la Revolución de 1793. Construido inicialmente en la década de 1670 dentro de un recinto religioso y ampliado alrededor de 1720, esta elegante estructura albergó en su día el obispado antes de pasar al control público. Posteriormente sirvió como museo, facultad de Derecho y rectorado de academia, pero el mal mantenimiento lo dejó en mal estado.
Considerado innecesario para el servicio público en 2021, el palacio, con su jardín y patio, ha sido adquirido por el promotor local Groupe Bâtisseurs d'Avenir. La empresa planea una renovación integral para crear viviendas y oficinas, devolviendo el lugar a manos privadas tras más de 230 años de uso estatal. Ubicado cerca del extenso parque Thabor, esta propiedad vacante pone de manifiesto el empuje del Gobierno para desinvertir su amplio patrimonio inmobiliario en medio de presiones fiscales.
No obstante, tales ventas siguen siendo poco frecuentes e insuficientes. Por ejemplo, la antigua prisión de Caen también está en el mercado, pero la administración tiene dificultades para atraer compradores, lo que agrava los problemas financieros. La operación en Rennes cierra así un capítulo histórico al tiempo que expone deficiencias en la gestión de los activos públicos.