Cuatro años después de la reforma de 2021 del alto funcionariado francés bajo Emmanuel Macron, que abolió el cuerpo de prefectos, los representantes estatales siguen inquietos. El cambio buscaba abrir y diversificar la administración, pero aún genera temores de un rol prefectural demasiado amplio y posible politización.
En 1800, Napoleón Bonaparte celebró la creación de las prefecturas, instando: 'Haced que Francia date su felicidad desde el establecimiento de las prefecturas'. Más de dos siglos después, en 2021, Emmanuel Macron introdujo una ambiciosa reforma de la alta administración estatal francesa. Esto llevó a la abolición del cuerpo de prefectos, así como del cuerpo diplomático y las inspecciones generales, como las de finanzas o asuntos sociales. El objetivo era claro: poner fin a una 'nobleza estatal' y desmantelar un sistema visto como una 'pensión' para altos funcionarios, promoviendo la apertura, la diversificación de perfiles y la movilidad profesional.
Cuatro años después, las tensiones han disminuido algo, pero las preocupaciones persisten entre los prefectos. Temen una ampliación excesiva de sus funciones prefecturales, una pérdida de control sobre posiciones clave, un desafío a su profesión e incluso el riesgo de nombramientos politizados. 'Todavía no se ha digerido del todo', admite un prefecto. Otro señala: 'No se improvisa como prefecto'. Estas preocupaciones se acentúan con la nueva ley de descentralización, que amplifica las ansiedades entre los representantes estatales en las regiones.
La reforma formaba parte de un esfuerzo más amplio para modernizar la alta administración francesa, pero subraya los desafíos de pasar a una mayor flexibilidad y apertura. Los prefectos, que han sido pilares de la administración territorial desde tiempos napoleónicos, aún se están adaptando a estos cambios estructurales.