Tras los ataques contra objetivos militares y las interrupciones del transporte marítimo a principios de marzo, la guerra entre Israel e Irán se intensificó al atacar ambas partes las instalaciones de producción y exportación de petróleo y gas. Los ataques hacen saltar las alarmas en los mercados mundiales de la energía, lo que ha llevado a la Agencia Internacional de la Energía a instar a la conservación ante el temor de graves crisis de precios.
Tras los ataques aéreos israelíes del 12 de marzo contra instalaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria y las consiguientes interrupciones del estrecho de Ormuz, el conflicto se intensificó esta semana con ataques recíprocos contra infraestructuras energéticas críticas. Israel e Irán se atacaron mutuamente instalaciones petrolíferas y de gas, aumentando las tensiones en unos mercados de materias primas ya de por sí volátiles y amenazando la estabilidad económica mundial a largo plazo. Un analista advirtió: "Esto será tan, tan, tan, tan malo".
El viernes, la Agencia Internacional de la Energía recomendó medidas públicas como trabajar desde casa, conducir despacio y limitar el uso de estufas de gas para mitigar las inminentes subidas de precios. Estos acontecimientos representan una nueva y peligrosa fase, que pone directamente en peligro el suministro de energía en una guerra que comenzó con las operaciones de principios de marzo contra las capacidades nucleares y de misiles de Irán.