La crisis de deuda eléctrica municipal de Sudáfrica va más allá de los fallos de la gobernanza local y revela problemas estructurales más profundos en la industria de distribución eléctrica. Expertos argumentan que la dependencia de Eskom, las tarifas en escalada desde 2007 y los cortes de carga no compensados han atrapado a los municipios en una espiral financiera mortal. Este desajuste amenaza la fiabilidad económica y la competitividad a nivel nacional.
Los distribuidores municipales de electricidad de Sudáfrica enfrentan una crisis a menudo atribuida a consejos fallidos, facturación débil, interferencia política y cultura de impago. Sin embargo, los analistas Chris Yelland y Paul Vermeulen sostienen que esta visión es incompleta, enmarcando el problema como un desafío macroeconómico e industrial. La distribución eléctrica sirve como una arteria económica vital, alimentando hogares, centros comerciales, fábricas, hospitales e infraestructuras. Cuando las cuentas de trading colapsan, el mantenimiento se retrasa, los apagones aumentan, las pérdidas crecen y las inversiones se alejan, erosionando la fiabilidad, asequibilidad y competitividad. Históricamente, los municipios generaban y distribuían su propia energía, pero la centralización bajo Eskom creó dependencia. Hoy, la mayoría compra casi toda la electricidad de Eskom mediante acuerdos a granel, operando como minoristas y gestores de red sin control de generación. Obstáculos regulatorios limitan la diversificación a productores independientes de energía, encerrando a los municipios en las tarifas crecientes de Eskom y penalizaciones mientras venden a mercados locales limitados por la asequibilidad. Las tarifas de Eskom se dispararon tras 2007, ligadas a cortes de carga y proyectos costosos como Medupi, Kusile e Ingula. Los municipios repercuten los aumentos con riesgo de impago o absorben pérdidas, alimentando pérdidas no técnicas por morosidad, conexiones ilegales y fraude. En Johannesburgo, City Power cubre el 60% del suministro mientras Eskom maneja el 40% directamente, pero los municipios soportan costes extras por infraestructuras, pérdidas y subsidios sin precios justos respecto a sus pares. Los cortes de carga de 2008 a 2024 infligieron daños adicionales: ingresos pico perdidos, costes operativos más altos por respuestas de emergencia, picos de demanda que activan penalizaciones y degradación de activos por ciclos y oportunidades de robo. Grandes clientes privados escapan vía autogeneración o wheeling, pero los municipios enfrentan barreras de adquisición, perdiendo cargas subsidiarias hacia adopción solar y zonas Eskom. Yelland y Vermeulen enfatizan que, aunque la gobernanza importa, las soluciones requieren reformas estructurales: precios a granel equitativos, acceso simplificado a IPP, reglas claras de wheeling y reequilibrio de riesgos. Sin reforma, la deuda –ahora en R107 mil millones– persistirá, socavando economías locales.