Mientras Santa Claus reparte regalos a los niños buenos, Krampus, su contraparte demoníaca, castiga a los traviesos en un festival alpino único. El desfile de Krampuslauf presenta figuras aterradoras que recorren las calles el 5 de diciembre.
La Navidad evoca imágenes de alegría y generosidad con Santa Claus como figura central, pero en las tradiciones alpinas existe un lado más sombrío representado por Krampus. Esta criatura, mitad cabra y mitad demonio, emerge de antiguas costumbres europeas para disciplinar a los niños desobedientes, portando una vara de abedul y cascabeles que anuncian su llegada intimidante.
El origen de Krampus se remonta a las regiones montañosas de Europa Central, donde coexistía con San Nicolás. Su nombre deriva del alemán 'krampen', que significa 'garra', reflejando su apariencia tenebrosa. Vinculado a la mitología nórdica como hijo de Hel y a criaturas griegas como sátiros y faunos, Krampus formaba parte de leyendas invernales que usaban el miedo para promover el buen comportamiento infantil. En Alemania y Austria, esta figura evolucionó en celebraciones centenarias, donde Santa premiaba con dulces y Krampus amenazaba con un saco para llevarse a los niños malos.
El Krampuslauf es el evento principal, un desfile donde participantes, tanto adultos como niños, se disfrazan con máscaras, cuernos, pezuñas, pieles peludas y atuendos demoníacos. Estos recorridos ocurren principalmente el 5 de diciembre, marcando el inicio de la temporada navideña en pueblos alpinos. Se celebra en Austria, Baviera en Alemania, Hungría, Suiza, Eslovenia y el norte de Italia, transformando calles y plazas en escenarios de herencia cultural con un toque de humor y tradición viva.