La producción de la Chevrolet Tracker en Argentina combina robótica avanzada, inteligencia artificial y prácticas sustentables. Desde el estampado de chapas hasta el control de calidad, el proceso destaca precisión y compromiso ambiental. La planta recicla el 100% de sus residuos y usa energías renovables.
La fabricación de la Chevrolet Tracker en Argentina inicia en las prensas, donde chapas planas se moldean con líneas robotizadas y sistemas de visión con IA. Un desapilador verifica las chapas, y las piezas se almacenan para su uso posterior en carrocería. Allí, 500 robots con visión 3D sueldan las partes con precisión milimétrica, culminando con la colocación del capot y tapa del baúl antes de enviarlas a pintura vía túnel aéreo. La planta de pintura recicla el 100% de residuos, aplica pintura con robots en seis colores y usa fosfatizado, cataforesis y tres hornos para secado. En ensamble, se une la carrocería con motores, suspensiones y ejes mediante sistema Andon y marriage, configurando módulos electrónicos como sensores de neumáticos. El control de calidad prueba el 100% de unidades en Roll Test, prueba dinámica y Water Test, con monitoreo GCA y Sala de Medidas inaugurada en 2021. En sustentabilidad, la planta es pionera con ISO 50.001, área protegida de 1,5 hectáreas, Parque Solar de 400 paneles que cubre 20-23% de energía y plan para 100% renovable en 2035.