Chile concentra cerca del 40% de la capacidad mundial de observación astronómica, porcentaje que podría superar el 60% a inicios de la próxima década con telescopios como el Magallanes Gigante. Óscar Contreras-Villarroel, vicepresidente y representante en Chile del proyecto, enfatiza la necesidad de proteger cielos oscuros y sitios de instalación mediante regulaciones coherentes.
En una carta al director de La Tercera, Óscar Contreras-Villarroel destaca el liderazgo de Chile en astronomía. El país alberga cerca del 40% de la capacidad global de observación, resultado de décadas de colaboración entre el Estado, la comunidad científica internacional y la academia. Esta posición se fortalecerá cuando entren en operación telescopios extremadamente grandes, como el Telescopio Magallanes Gigante, elevando la cifra por encima del 60% hacia comienzos de la próxima década. Contreras-Villarroel recuerda que tecnologías cotidianas, como el GPS en teléfonos, resonancias médicas o aterrizajes guiados por satélite, tienen raíces en la exploración del universo. Para mantener esta ventaja, es esencial salvaguardar cielos oscuros y los entornos de los instrumentos astronómicos. La norma lumínica de 2023 representa un avance, pero requiere aplicación consistente y extensión a zonas operativas. 'Cuidar estos cielos no es un gesto romántico, sino una decisión estratégica para que Chile se mantenga en la frontera del conocimiento', afirma el representante. Los proyectos astronómicos generan una industria de billones de dólares, por lo que urge un marco regulatorio claro que equilibre desarrollo industrial y protección de áreas astronómicas.