La muerte repentina de Diallo BB, un caballo de doma Grand Prix de élite propiedad de la olímpica alemana Jessica von Bredow-Werndl, ha atraído la atención hacia el virus de la enfermedad de Borna equina, aunque posteriormente se descartó como causa. La enfermedad del gelding hanoveriano de 11 años sigue sin explicación, generando interés en el raro virus neurotópico que afecta principalmente a Europa Central. Con tasas de mortalidad del 80 al 100 por ciento en caballos, la enfermedad resalta los desafíos veterinarios en curso.
La muerte de Diallo BB ha reavivado las discusiones sobre el virus de la enfermedad de Borna equina (BDV), también conocido como virus de la enfermedad de Borna 1 (BoDV-1), un patógeno que ataca el sistema nervioso central de los caballos y otros mamíferos. Documentado por primera vez a finales del siglo XIX tras un gran brote en 1885 entre caballos de caballería en Sajonia, Alemania –cerca de la ciudad de Borna de la que toma su nombre–, el virus provoca trastornos neurológicos progresivos. Los síntomas iniciales en caballos incluyen cambios sutiles de comportamiento como ansiedad o menor respuesta, que escalan a ataxia, presión de cabeza, giros en círculos, visión deteriorada, temblores, debilidad muscular, dificultad para tragar y convulsiones en etapas avanzadas. La transmisión ocurre por exposición a fluidos corporales contaminados, saliva o excretas de pequeños mamíferos como la musaraña bicolor de dientes blancos, que actúa como reservorio. No hay evidencia de transmisión directa de caballo a caballo en condiciones normales, con las infecciones resultando típicamente de derrames de fauna silvestre. La enfermedad es más prevalente en Europa Central, incluyendo Alemania, Suiza, Austria y Liechtenstein, donde se registran la mayoría de casos equinos. Se han notado infecciones esporádicas en otras especies, y casos humanos raros de encefalitis grave han surgido en Alemania en la última década, aunque no se confirma transmisión de caballo a humano. No existe tratamiento antiviral específico para BoDV-1 en caballos; los cuidados se limitan a medidas de soporte como hidratación, nutrición, antiinflamatorios y control de convulsiones. Una vez que aparecen los síntomas, el pronóstico es pobre, con tasas de mortalidad históricas del 80 al 100 por ciento, y los supervivientes a menudo enfrentan déficits neurológicos permanentes. Para importaciones a Norteamérica desde regiones afectadas, se requieren certificados de salud que confirmen no haber tenido exposición reciente en instalaciones con casos reportados, junto con inspecciones físicas, pero la prueba de BoDV-1 no es obligatoria. La investigación en curso se centra en reservorios virales, rutas de transmisión y antivirales potenciales para mitigar riesgos a la salud equina y abordar preocupaciones zoonóticas.