Investigadores dirigidos por Gianni Barcaccia en la Universidad de Padua han identificado ADN de numerosos animales, plantas y humanos que contaminan el Santo Sudario de Turín. El nuevo estudio reexamina el material recolectado en 1978, revelando rastros que sugieren una manipulación extensa y posibles vínculos con la India. Los hallazgos complican los debates sobre los orígenes medievales de la reliquia.
El Santo Sudario de Turín, una tela de 4,4 metros de largo por 1,1 metros de ancho custodiada en la Catedral de San Juan Bautista en Turín, Italia, ha sido venerada durante mucho tiempo como el sudario funerario de Jesucristo. Documentado por primera vez en Francia en 1354, fue sometido a una datación por radiocarbono en 1988 que situó su creación entre 1260 y 1390, un resultado aceptado por la mayoría de los científicos a pesar de las disputas continuas entre algunos estudiosos. En 2015, el equipo de Barcaccia propuso por primera vez un origen indio basado en un análisis anterior de las mismas muestras de 1978 que ahora han sido revisadas en la última investigación. El grupo de Barcaccia detectó ADN de animales domésticos como gatos y perros, especies de granja que incluyen pollos, ganado vacuno, cabras, ovejas, cerdos y caballos, así como animales salvajes como ciervos y conejos. También aparecieron rastros de peces como el mújol y el bacalao del Atlántico, crustáceos marinos, insectos como moscas y pulgones, y arácnidos como ácaros y garrapatas. El ADN de las plantas incluyó zanahorias, especies de trigo, pimientos, tomates y patatas, cultivos introducidos en Europa tras las exploraciones de Asia y América. El ADN humano provino de múltiples manipuladores, incluido el equipo de muestreo de 1978, con casi un 40 por ciento vinculado a linajes indios. Los investigadores señalaron que esta diversidad dificulta la identificación de cualquier ADN original y apunta a la amplia exposición del sudario en el Mediterráneo, posiblemente con lino importado desde cerca del valle del Indo. Anders Götherström, de la Universidad de Estocolmo, afirmó la solidez de la datación de 1988, declarando: “Sigo sin ver ninguna razón para dudar de que el sudario sea francés y del siglo XIII o XIV”. Destacó que la historia documentada de la reliquia es más convincente que las afirmaciones legendarias no probadas.