En España, los gimnasios han evolucionado más allá del ejercicio físico para convertirse en espacios multifuncionales donde se forjan amistades, negocios y romances. Con 4.800 centros en el país, estos locales reflejan cambios sociales pospandémicos, atrayendo a jóvenes y mayores por igual. Expertos destacan tanto sus beneficios para la integración diaria como riesgos de obsesión corporal.
El artículo explora cómo los gimnasios en España se han transformado en centros sociales integrales. En Lleida, el gimnasio Viding Ekke, dirigido por José Luis Castarcelas de 61 años, cuenta con más de 8.000 socios que pagan unos 55 euros al mes. Este centro de 8.000 metros cuadrados funciona desde hace 18 años y ofrece no solo fitness, sino también piscina, spa, cafetería, ludoteca y pistas de pádel. Castarcelas nota un aumento de público joven y mayor tras el confinamiento: “Desde el confinamiento hemos notado que ha aumentado mucho el público más joven... También ha aumentado la franja de gente mayor”.
Joaquín Prenafeta, de 49 años y socio desde hace siete, describe el lugar como “un eje social y de relaciones muy fuerte”, donde se puede pasar el día entero. Las pistas de pádel fomentan la socialización, con torneos que derivan en cenas y bodas: “Ya he ido a varias bodas de parejas surgidas en este gimnasio”.
La psicóloga Violeta Alcocer ve aspectos positivos en esta concentración de actividades: “facilita hábitos, reduce barreras y permite integrar el movimiento en el día a día”. Sin embargo, advierte riesgos: “El gimnasio se convierte en un ecosistema total, donde todo gira alrededor de la misma idea de éxito corporal”.
En Madrid y Barcelona, cadenas como Synergym (expandiéndose a 210 centros, cuotas de 30 euros) atraen a un público joven por debajo de 30 años. Su CEO, Jordi Bella, observa mayor socialización en la sala de fitness: “Actualmentela socialización también se produce en la sala de fitness, donde vemos grupos de gente joven que van a entrenar juntos”.
Estudios indican que el 66% de los españoles que practican deporte lo hacen en gimnasios, y el 25% de los jóvenes optan por musculación. Profesora María José Camacho critica la persistente mirada masculina: “el gimnasio sigue siendo un espacio esencialmente masculino”.
Centros boutique como Serotonin Studio en Barcelona, con cuotas de 115 euros y 90% de clientas mujeres de 40-50 años, priorizan comunidades cerradas. En el segmento lujo, David Lloyd en Boadilla del Monte (Madrid) ofrece coworking y eventos por 229 euros mensuales, atrayendo a 4.000 socios. Caroline Curry de Soho House enfatiza contactos profesionales: “se ha convertido esto en un elemento de peso en su forma de relacionarse”.
Sociólogo Pau Mateu resalta la accesibilidad del fitness para jóvenes sin compromisos de equipo, aunque advierte contra caricaturas ideológicas. En total, mientras cierran 40.000 bares en 15 años, los gimnasios prosperan como nuevos ágoras.