Las familias parisinas acogen a casi 500 adolescentes cada mes en locales prestigiosos para rallyes sociales. Estas veladas, una tradición de casi un siglo, actúan como un rito de paso a la adultez. Los padres los ven como una red fiable para sus hijos ante los temores de declive social.
En los salones elegantes del oeste de París, como el Salon Hoche, los adolescentes bailan al ritmo de melodías intemporales como What A Feeling. Una escena típica muestra a Cyril y Éléonore deslizándose por el suelo de parquet de mosaico, riendo por los tropiezos y colisiones con otras parejas. Una madre comenta: «Es divertido, hace 30 años, bailan de la misma manera que sus padres a su edad…».
Estos rallyes mondanos, originados hace casi un siglo, encarnan una exclusividad asumida que atrae cada vez más a los padres. Ante el «miedo al déclassement» y el «malestar actual», proporcionan la certeza de que los hijos están «en buenas manos». La tradición perdura como una red fiable, con listas de espera a veces largas para participar.
No obstante, bajo esta pátina de inmutabilidad, algunos rallyes del oeste de París han evolucionado sutilmente. Las familias buscan no solo veladas de baile sino también oportunidades privilegiadas de socialización. Estos eventos mensuales reúnen a cientos de jóvenes en entornos prestigiosos, cultivando abiertamente la exclusividad.