El próximo juego Highguard requerirá Secure Boot y Easy Anti-Cheat para ejecutarse, excluyendo de facto a usuarios de Linux y a aquellos reacios a modificaciones del kernel. Los jugadores también necesitarán un módulo de plataforma de confianza (TPM). Esta decisión, anunciada a principios de 2026, destaca las tensiones continuas entre medidas anti-cheat y comunidades de gaming de código abierto.
Highguard, un próximo título en el mundo de los videojuegos, ha establecido requisitos específicos de hardware y software que priorizan la seguridad sobre una amplia compatibilidad. Según informes de PC Gamer, el juego exige Secure Boot, una función que verifica la integridad del proceso de arranque del sistema operativo, junto con Easy Anti-Cheat, una popular solución anti-trampas a nivel de kernel. Además, se necesita un TPM, lo que añade otra capa de dependencia de hardware. Estos requisitos suponen barreras significativas para los jugadores de Linux y los usuarios que prefieren mantener el control sobre sus configuraciones de kernel. Secure Boot y las herramientas anti-cheat en modo kernel suelen entrar en conflicto con configuraciones personalizadas o no Windows, dejando a los entusiastas de sistemas de código abierto sin poder participar sin soluciones alternativas importantes. El anuncio, publicado el 23 de enero de 2026, subraya los compromisos que enfrentan los desarrolladores al combatir el tramposeo mientras buscan accesibilidad. No se proporcionaron más detalles sobre la fecha de lanzamiento de Highguard o su jugabilidad en la cobertura inicial, pero estas exigencias ya han generado discusiones en foros de gaming sobre la inclusividad en títulos para PC.