Un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Calgary informa que los priones de la enfermedad de desgaste crónico (CWD, por sus siglas en inglés) pueden detectarse en algunos animales que no muestran síntomas evidentes, y que material proveniente de esos animales fue capaz de transmitir la infección en experimentos de laboratorio. Los autores señalan que los hallazgos no indican una amenaza inmediata para las personas, pero se suman a la evidencia de que el comportamiento de la CWD entre especies amerita un monitoreo continuo.
La investigación, publicada en Science Advances, examinó cómo la enfermedad de desgaste crónico (CWD) —una enfermedad neurológica mortal causada por proteínas mal plegadas conocidas como priones— podría comportarse al encontrar nuevos huéspedes.
En experimentos de laboratorio controlados, la mayoría de los animales estudiados no desarrollaron síntomas clínicos. Aun así, el equipo informó haber detectado niveles bajos de priones infecciosos en muestras de tejido de algunos de estos animales aparentemente sanos. Cuando esas muestras se transfirieron a otras especies en experimentos posteriores, los receptores desarrollaron signos consistentes con la CWD.
“Estos hallazgos muestran que, incluso sin signos clínicos evidentes, los priones infecciosos aún pueden estar presentes y ser transmisibles”, dijo la Dra. Samia Hannaoui, investigadora y profesora asistente en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Calgary y autora principal del estudio.
El estudio también destaca por qué las enfermedades priónicas pueden ser difíciles de pronosticar. Según los investigadores, los priones pueden cambiar a medida que se mueven entre huéspedes con el paso del tiempo, produciendo potencialmente nuevas cepas con diferentes características.
“No estamos tratando con un agente único y fijo”, dijo el Dr. Hermann Schätzl, profesor de la Universidad de Calgary y autor sénior del estudio. “Las cepas de priones pueden evolucionar, y esa evolución puede influir en cómo se comporta la enfermedad”.
Los investigadores señalaron que los animales infectados pueden liberar priones en el medio ambiente antes de que la enfermedad sea visible, eliminando priones a través de la orina y las heces durante meses o incluso años, lo que contamina la vegetación y el suelo.
Sobre la salud humana, los investigadores enfatizaron que nunca ha habido un caso confirmado de CWD en personas y que sus resultados no apuntan a un riesgo inmediato. Aun así, dijeron que la creciente propagación geográfica de la CWD en la vida silvestre aumenta la importancia de la vigilancia y la investigación, particularmente porque las enfermedades priónicas han cruzado barreras entre especies en el pasado, siendo la más famosa la encefalopatía espongiforme bovina, o “enfermedad de las vacas locas”, que se transmitió del ganado a los humanos.
Los autores sostuvieron que comprender las infecciones silenciosas o atípicas podría ser importante para manejar la enfermedad en la vida silvestre y para informar la preparación de salud pública a largo plazo a medida que la CWD se vuelve más extendida.