Los astrónomos han encontrado evidencia que sugiere que el Sol participó en una migración a gran escala de estrellas similares desde las regiones internas de la Vía Láctea hace unos 4 a 6 mil millones de años. Este movimiento probablemente llevó el sistema solar a una parte más tranquila de la galaxia. El descubrimiento proviene de un estudio detallado de gemelos solares utilizando datos del satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea.
Los astrónomos han identificado señales de que el Sol se unió a un masivo movimiento hacia afuera de estrellas similares al Sol desde el centro abarrotado de la Vía Láctea hace aproximadamente 4 a 6 mil millones de años. El Sol, que se formó hace unos 4,6 mil millones de años, se originó a más de 10.000 años luz más cerca del núcleo de la galaxia que su posición actual. Los profesores asistentes Daisuke Taniguchi, de la Universidad Metropolitana de Tokio, y Takuji Tsujimoto, del Observatorio Astronómico Nacional de Japón, lideraron un equipo que analizó datos del satélite Gaia, que ha medido alrededor de dos mil millones de estrellas. Crearon un catálogo de 6.594 gemelos solares —estrellas con temperatura, gravedad superficial y composición química similares al Sol—. Esta muestra es aproximadamente 30 veces más grande que las anteriores, lo que permite determinaciones precisas de edad tras corregir sesgos hacia estrellas más brillantes. Las edades de estos gemelos solares se agrupan entre 4 y 6 mil millones de años, coincidiendo con la edad del Sol. Muchas ocupan distancias similares del centro galáctico, lo que indica una migración compartida en lugar de una coincidencia. Normalmente, la barra central de la galaxia crea una barrera de corrotación que impide que las estrellas se muevan hacia afuera, pero los investigadores sugieren que esta estructura aún se estaba formando durante el período de migración, lo que permitió la huida. Este evento proporciona conocimientos sobre la evolución de la Vía Láctea, incluido el desarrollo de su barra rotatoria. Las condiciones más duras del interior galáctico, con radiación más intensa e interacciones estelares frecuentes, contrastan con la estabilidad de las regiones exteriores. La migración posicionó el sistema solar en una zona más tranquila, lo que potencialmente favoreció la aparición de la vida en la Tierra. El estudio utilizó datos de Gaia y la Encuesta del Cielo Completo a Dos Micrones, con apoyo de subvenciones de JSPS KAKENHI y del programa Horizon 2020 de la Unión Europea.