La administración Trump se ha opuesto a varios esfuerzos internacionales para abordar el cambio climático, incluidos un impuesto propuesto sobre el carbono a las emisiones del transporte marítimo, un tratado sobre la producción de plásticos, una resolución de la ONU de Vanuatu y pronósticos energéticos de la AIE. Estas acciones incluyeron retirarse de negociaciones, emitir amenazas y presionar a socios diplomáticos. Aunque algunos esfuerzos sufrieron retrasos, las inversiones globales en renovables alcanzaron los 2,3 billones de dólares el año pasado.
El artículo detalla cuatro instancias en las que EE. UU. bajo el presidente Trump influyó en la política climática global durante su segundo mandato. Primero, en abril, la administración se retiró de las negociaciones sobre un impuesto global al carbono para la industria del transporte marítimo, que representa cerca del 3 % de las emisiones mundiales. Amenazó con aranceles, restricciones de visados, tasas portuarias y sanciones contra los partidarios. En octubre, 57 países retrasaron el marco. Un cable del Departamento de Estado afirmaba que EE. UU. está «fuertemente opuesto» a una tasa de carbono y «no tolerará» un fondo relacionado, recomendando poner fin a la consideración del marco de cero neto. Alisa Kreynes, de C40, dijo que los países deberían votar en función de los compromisos de la ONU, no de la intimidación, ya que de lo contrario se aplicaría un mosaico de regulaciones sin el marco. nnSegundo, antes de las negociaciones de la ONU del verano pasado en Ginebra para un tratado de plásticos con límites obligatorios de producción, EE. UU. circuló un memorando oponiéndose a tales medidas, afirmando que aumentarían los costes de los productos plásticos. Respaldado inicialmente por más de 100 países, las conversaciones terminaron sin acuerdo, ya que EE. UU. y las naciones productoras de petróleo se negaron a comprometerse. nnTercero, el mes pasado, el Departamento de Estado instó a los miembros de la ONU a rechazar una resolución liderada por Vanuatu tras una sentencia de la CIJ sobre obligaciones climáticas. La resolución buscaba limitar el calentamiento a 1,5 °C, eliminar progresivamente los combustibles fósiles y establecer reparaciones. EE. UU. la calificó de «resolución perturbadora» y «farsa», pidiendo a Vanuatu que la retirara. Lee-Anne Sackett, enviada especial de Vanuatu, señaló negociaciones en curso con confianza en su aprobación, aunque la oposición de EE. UU. silenció a algunos partidarios. Joie Chowdhury, del Center for International Environmental Law, comentó que aquellos más responsables de la crisis suelen resistirse a la rendición de cuentas. nnCuarto, el secretario de Energía Chris Wright presionó a la AIE para que reviviera su escenario de «políticas actuales» —que asume una acción climática estancada— y detuviera el modelo de cero neto, amenazando con la retirada de EE. UU. La AIE cumplió parcialmente al revivir el modelo, pero los expertos dudan que cese las proyecciones de cero neto, valiosas para inversores y petrostados. Maria Pastukhova, de E3G, señaló que indica cambios rentables, mientras que Andreas Sieber, de 350.org, advirtió sobre la erosión de la credibilidad de la AIE. nnEl contexto más amplio incluye una retórica climática en declive en medio de prioridades cambiantes, pero eventos como los conflictos en Oriente Medio impulsan las renovables por motivos de seguridad energética. La inversión global en la transición energética aumentó un 8 % hasta los 2,3 billones de dólares el año pasado.