La contribución diferencial sobre altas rentas, creada en 2025, solo recaudó 400 millones de euros, casi cinco veces menos de lo esperado, según el Ministerio de Economía y Finanzas. Este impuesto, destinado a garantizar una tributación mínima del 20 % para los más ricos, fue en gran parte eludido por los contribuyentes objetivo. Destaca los desafíos para gravar de forma efectiva las rentas muy altas en Francia.
El miércoles 21 de enero de 2026, el Ministerio de Economía y Finanzas reconoció el rotundo fracaso de la 'contribución diferencial aplicable a ciertos contribuyentes con rentas muy elevadas' (CDHR). Introducida en el presupuesto de 2025 adoptado en febrero bajo el Gobierno de François Bayrou, esta medida pretendía abordar el déficit público al tiempo que respondía a las demandas de una fiscalidad más justa. Concebida bajo el Gobierno de Michel Barnier, la CDHR afecta a los contribuyentes que declaran más de 250.000 euros anuales si son solteros o 500.000 euros para parejas sin hijos. Garantiza un tipo impositivo mínimo del 20 % sobre las rentas declaradas, independientemente de los nichos fiscales utilizados. Si no se alcanza este umbral, se exige un pago adicional para llegar a él. Sin embargo, los ingresos solo alcanzaron 400 millones de euros, muy por debajo de las expectativas. Los contribuyentes ricos consiguieron claramente eludir el impuesto, demostrando su habilidad para explotar lagunas del sistema fiscal. Este ejemplo pone de manifiesto los límites de los mecanismos dirigidos específicamente a los ricos, en medio de las tensas discusiones sobre el presupuesto de 2026. Mientras tanto, los debates sobre el presupuesto de 2026 revelan tensiones políticas. La líder de LFI, Mathilde Panot, criticó al Partido Socialista (PS) por aceptar compromisos mínimos, lejos de su contra-presupuesto de agosto de 2025 que proponía un impuesto Zucman sobre grandes patrimonios o la derogación de la reforma de las pensiones. Se consiguieron concesiones parciales, como congelar la edad de jubilación en 62 años y 9 meses hasta 2028, beneficiando a 3,5 millones de personas, o mantener la recarga sobre los beneficios de las grandes empresas en 7.300 millones de euros. Sin embargo, medidas emblemáticas como restablecer el ISF o duplicar el impuesto a las Gafam fueron descartadas. Estos desarrollos avivan el debate sobre la gestión del déficit público, que analistas como Raul Magni-Berton atribuyen menos a la incompetencia gubernamental que a reglas fiscales laxas.