Un informe del instituto Rexecode, al que tuvo acceso Le Figaro, concluye que el impuesto sobre la riqueza (IGF) no ha impulsado las finanzas públicas francesas sino que ha generado pérdidas fiscales netas de 9.000 millones de euros anuales. Estas conclusiones surgen en un contexto en el que los partidos políticos proponen gravar con mayor intensidad los activos de los acaudalados para resolver problemas presupuestarios. El documento advierte de una pérdida de renta nacional equivalente a 0,5 a 1 punto porcentual del PIB.
Le Figaro ha tenido acceso en exclusiva a una nota del instituto Rexecode que analiza los impactos del impuesto sobre la riqueza (IGF), introducido en Francia hace décadas. Según el informe, gravar a las personas con alto patrimonio neto no ha generado ingresos netos positivos para el Estado. Al contrario, las pérdidas en ingresos fiscales ascienden a 9.000 millones de euros, frente a solo 2 a 5.000 millones de euros recaudados anualmente. Este análisis destaca una fuga de cerebros y un éxodo fiscal que han socavado la economía. La pérdida de renta nacional se estima en 0,5 a 1 punto porcentual del PIB, una cifra preocupante para el crecimiento. El momento de la publicación es crítico: a medida que se intensifican los debates sobre el presupuesto de 2026, varios partidos discuten la reintroducción del impuesto de solidaridad sobre la fortuna (ISF), un impuesto Zucman, un impuesto sobre la riqueza improductiva o un impuesto sobre la riqueza financiera. Estas propuestas, a menudo populares, podrían agravar los efectos observados, según Rexecode. «Las pérdidas de ingresos fiscales alcanzarían los 9.000 millones de euros frente a recaudaciones de 2 a 5.000 millones dependiendo de los años. La pérdida de renta nacional sería de 0,5 a 1 punto del PIB», afirma la nota. Esta revelación invita a una reflexión cautelosa sobre la tributación a los ricos, sin pasar por alto los riesgos para la atractividad económica de Francia.