El grooming infantil suele comenzar acercándose a los padres para generar confianza. Los perpetradores usan manipulación sistemática para acceder a los niños sin levantar sospechas. Comprender estas señales es crucial para proteger a los niños a tiempo.
El grooming es un proceso de manipulación sistemática y paciente en el que los perpetradores no actúan de forma espontánea, sino que diseñan estrategias para crear una sensación de seguridad, cercanía emocional y dependencia. Según la Rising Children Network, el grooming infantil implica una serie de comportamientos manipuladores destinados a preparar a un niño para la explotación sexual, y este proceso puede durar desde semanas hasta años. Muchos asumen que el grooming apunta directamente a los niños, pero los perpetradores suelen empezar acercándose a padres, profesores o cuidadores. Parecen amigables, cariñosos y genuinamente serviciales, como regalando obsequios o ofreciendo ayuda frecuente, para ganar la confianza familiar. Una vez que los padres se sienten cómodos, la vigilancia disminuye, permitiendo a los perpetradores interactuar con el niño sin supervisión estricta. Las señales de grooming en niños incluyen hablar frecuentemente de un adulto o niño mayor y querer reunirse a solas, formar relaciones con personas mucho mayores, faltar a la escuela o actividades, aislarse de amigos, encerrarse en su habitación, poseer regalos caros sin explicación, renuencia a compartir actividades diarias o mentir. Los niños también pueden mostrar cambios emocionales como irritabilidad, ansiedad o parecer inusualmente maduros. En las etapas iniciales, la relación parece normal, pero los perpetradores normalizan gradualmente el contacto físico excesivo o introducen temas sexuales a través de conversaciones o contenidos. El grooming continúa incluso después del abuso para evitar que el niño hable. Los padres deben estar atentos a estos patrones para prevenir el riesgo de violencia sexual.