Nancy Bostock, pediatra consultora, ha detallado seis estrategias respaldadas por la ciencia para ayudar a los padres a fomentar una relación positiva con la comida en sus hijos. Basándose en su experiencia en salud infantil, aborda ansiedades comunes en torno a los hábitos alimenticios y los comportamientos quisquillosos. Sus consejos enfatizan el bienestar emocional, la autonomía y el modelado de actitudes positivas.
Nancy Bostock, pediatra consultora en la Cambridgeshire and Peterborough NHS Foundation Trust, aporta experiencia de sus roles en una clínica de manejo de peso infantil, una unidad de salud mental internada y la co-liderazgo de una estrategia alimentaria para el Cambridge Children’s Hospital. Expresa preocupación por la avalancha de consejos contradictorios que reciben los padres, señalando: «Me preocupa que los padres estén abrumados con consejos de tantos lugares diferentes y terminen haciendo cosas que no son necesariamente útiles para su hijo».Su primera recomendación destaca las dimensiones sociales y emocionales de la comida. Las ansiedades parentales tempranas, como las presiones en torno a la lactancia o los desafíos iniciales del recién nacido como bajo nivel de azúcar en sangre e ictericia, pueden llevar a un énfasis excesivo en la cantidad sobre la calidad. Bostock aconseja confiar en que la mayoría de los niños comerán y beberán cuando tengan hambre, e insta a las familias a hacer que las comidas sean relajadas y alegres, fomentando la conversación y experiencias compartidas.Para evitar condicionar hábitos poco saludables, advierte contra frases como «No puedes tener postre hasta que termines tu comida», que pueden alentar el exceso de comida para llegar a los postres. En su lugar, los padres deben promover la idea de que la comida nutre el cuerpo y permitir que los niños se autorregulen, ofreciendo fruta como opción post-comida para contrarrestar las atracciones evolutivas hacia dulces altos en calorías.Bostock también advierte contra restricciones dietéticas innecesarias, como dietas sin gluten sin necesidad médica, que una revisión de 2019 vinculó con pérdida de fibra y deficiencias nutricionales. Prioriza incluir alimentos ricos en fibra, frutas, verduras, nueces, semillas y granos integrales para la salud a largo plazo.Abordando tácticas conductuales, sugiere no ceder ante los niños que usan la comida como palanca, como súplicas emocionales por golosinas, reformulando la comida como provisión de energía personal y proporcionando alternativas simples como fruta y yogur.La alimentación selectiva, que afecta del 8 al 54 por ciento de los preescolares, es normal desde el punto de vista del desarrollo a medida que los niños aprenden sobre la seguridad alimentaria. Bostock recomienda combinar alimentos familiares con nuevos, permitiendo hasta 15 exposiciones para la aceptación, y ofrecer persistentemente variedad sin presión, reconociendo que la tolerancia basta en lugar del amor por todos los alimentos.Finalmente, enfatiza el modelado: los niños absorben los sesgos inconscientes de los padres sobre la imagen corporal y la comida, por lo que el diálogo interno positivo y las actitudes son cruciales. Para dietas severamente restrictivas o problemas de crecimiento, consultar a un médico general es esencial.