El 15 de febrero, el central azucarero Melanio Hernández en Sancti Spíritus detuvo su maquinaria por falta de combustible, convirtiéndose en el último molino en operar durante la zafra 2026. Esta interrupción prematura resalta el declive de la industria azucarera cubana, que ahora depende de importaciones para cubrir la demanda nacional. Comunidades dependientes de los molinos enfrentan mayores dificultades en el 'tiempo muerto' prolongado.
La zafra azucarera de 2026 en Cuba comenzó el 1 de enero en el central Siboney, el primero en activarse en el país, pero se vio marcada por interrupciones y expectativas bajas. El molino Melanio Hernández, en la provincia de Sancti Spíritus, fue el último en moler caña hasta el 15 de febrero, cuando recibió la orden de parar por escasez de combustible. Aunque no se ha anunciado oficialmente, se indica que el cierre será permanente, terminando una campaña con planes de producción reducidos, como los 4.000 toneladas en 61 días del Siboney, menos de un quinto de lo habitual hace dos décadas.
Cuba, que alguna vez lideró la producción mundial de azúcar, ahora importa para cubrir unos 250.000 toneladas anuales de demanda interna. Factores como el mal estado de plantaciones y molinos, falta de recursos y mano de obra calificada contribuyeron a las bajas expectativas. Juan Miguel, operador de centrifugas de 67 años en Siboney, comentó: “Una zafra corta es mejor que ninguna. Lo más triste del mundo es un pueblo azucarero en ‘tiempo muerto’”. Durante la molienda, el molino beneficia a la comunidad con reparaciones, transporte y operación de acueductos, según explicó.
Nilia Rey, una vecina, destacó mejoras en el transporte durante la zafra, como el autobús de trabajadores desde Camagüey que cobra menos que opciones privadas. En contraste, en el antiguo central Alfredo Álvarez Mola, cerrado por reestructuraciones gubernamentales, la falta de empleo y transporte ha invadido la zona con marabú, obligando a muchos a emigrar.
Controversias incluyeron el uso de cortadores de caña con machete en Granma, en el central Enidio Díaz, pagando 700 pesos por tonelada y estimando 22.000 pesos mensuales, con un aumento del 80% en corte manual debido a la crisis de combustible agravada desde el 29 de enero por un bloqueo petrolero ordenado por el presidente Donald Trump. Omar Martínez, ingeniero de transporte, señaló que producir una tonelada de azúcar requiere hasta dos toneladas de petróleo para ser rentable, enfatizando la necesidad de mecanización. La juventud evita el sector por bajos salarios, legado de la Tarea Álvaro Reynoso de mediados de los 2000 que desmanteló más de la mitad de los molinos. La zafra de 2027 permanece incierta, y Juan Miguel reflexionó: “Sin azúcar no hay país”.