En techos de La Habana, Matanzas y Santa Clara, cubanos adinerados instalan en secreto antenas Starlink para acceder a internet estable, sorteando la prohibición estatal y el monopolio de Etecsa. Profesionales como programadores dependen de equipos smugleados y alimentados por baterías solares ante apagones y conexiones inestables. Elon Musk confirmó el 16 de marzo que el servicio funciona en Cuba, aunque no está autorizado.
Cubanos evaden los controles aduaneros desarmando las antenas Starlink y ocultándolas en televisores o torres de computadoras, a veces sobornando funcionarios con billetes de 20 dólares. Una vez dentro, las instalan en lugares con cielo despejado pero camufladas, como en cajas falsas de aire acondicionado o pintadas de gris. Se conectan a baterías de respaldo o sistemas solares para resistir los apagones.
Damian, programador de Matanzas que trabaja para clientes extranjeros, dijo a 14ymedio: «Con Etecsa no podía sostener una reunión completa. Todo se caía. Ahora pago la suscripción con ayuda de mi hermano en Miami. Es caro, pero me permite trabajar». Otros profesionales comparten esta necesidad para sobrevivir laboralmente.
Elon Musk tuiteó el 16 de marzo de 2026: «It works in Cuba, it’s just not allowed to be sold there». Muchos activan cuentas en México o EE.UU. para usar roaming en la isla, aunque no es una solución permanente.
Los costos son elevados: kits de 300-450 dólares en EE.UU. o México llegan a 1.300-1.800 dólares en el mercado negro cubano, más cuotas mensuales de 90-150 dólares vía revendedores. Ha surgido un ecosistema de reventa y redes Wi-Fi compartidas, pese a confiscaciones gubernamentales.