Los sombreros tenían un profundo significado social y político en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII. Negarse a quitarse uno podía equivaler a una protesta abierta contra la autoridad. Nuevos hallazgos detallan cómo este objeto cotidiano moldeaba la identidad, la jerarquía e incluso la seguridad.
Hace siglos, se esperaba que los hombres y los niños se quitaran el sombrero ante sus superiores tanto en interiores como en exteriores. El historiador Bernard Capp señala que esta norma reforzó el orden social hasta las décadas de 1640 y 1650, cuando se convirtió en un acto visible de desafío durante el período de la Guerra Civil Inglesa. El líder de los Levellers, John Lilburne, planeó mantener su sombrero puesto ante la Cámara de los Lores, mientras que figuras del movimiento Digger como William Everard y Gerrard Winstanley se negaron a descubrirse ante el general Fairfax, tratándolo como a su igual. El propio Carlos I llevó puesto su sombrero durante todo su juicio en 1649.