Un profesor de derecho constitucional advierte contra la posible prohibición de adolescentes 'geng geng' en Bonifacio Global City, considerándola inconstitucional y perjudicial para los derechos de expresión libre. El artículo argumenta que BGC, como propiedad privada, no debe discriminar por apariencia o subcultura. Esto arriesga establecer un precedente aplicable a otros grupos.
En un artículo de opinión publicado el 9 de febrero de 2026 en Rappler, John Molo, profesor de derecho constitucional en la University of the Philippines y socio de Mosveldtt Law, aborda la pregunta de un estudiante sobre la constitucionalidad de restringir la entrada de 'geng geng' a Bonifacio Global City (BGC). 'Geng geng' se refiere a adolescentes que abrazan una subcultura 'gangsta', con su propia música, jerga y ropa inspirada en el hip-hop. A menudo se les asocia con crimen y violencia, generando temores entre residentes que quieren caminar a casa sin riesgo de robo o acoso. Aunque Molo comprende las necesidades de seguridad —como hijo de un soldado—, advierte contra soluciones rápidas. Señala: 'El piropeo callejero, el comportamiento violento y las disrupciones en espacios públicos son punibles bajo leyes existentes.' Los guardias de BGC y la policía local tienen herramientas para manejar incidentes sin prohibir a todo un grupo. Como propiedad privada, BGC puede establecer condiciones, pero apuntar a un segmento entero de ciudadanos complica las cosas. Molo explica: 'El derecho del propietario a negar acceso a su propiedad adquiere un contexto diferente cuando el objetivo es un segmento entero de ciudadanos.' Los tribunales pueden considerar que tales establecimientos privados tienen 'carácter público' si están abiertos al público, como centros comerciales, servicios públicos y aeropuertos. El problema central es la aplicación: ¿cómo decidirían los guardias quién parece 'geng geng' por su atuendo? Pregunta: '¿Cuál es la diferencia entre los sin mangas usados por ratas de gimnasio y los de geng geng?' La ropa es una forma de expresión, y tal prohibición arriesga una pendiente resbaladiza, extendiéndose potencialmente a atuendos religiosos como hiyabs o turbantes. Molo recuerda la historia: BGC albergó soldados en los 90, desplazados por el progreso. Ahora exclusivo, es mantenido por trabajadores como conserjes y guardias —posiblemente padres de adolescentes 'geng geng'. Cita a Leni Robredo: 'El desarrollo genuino no debería basarse en modelos de exclusión.' Finalmente, Molo se preocupa por la amplificación en línea del tema, que podría ser politizado, fomentando la división social.