Pequeños hábitos en el ritmo del habla —como las pausas silenciosas, el uso de "eh" y "mmm", y la dificultad para encontrar palabras— se asociaron con el desempeño en pruebas estándar de función ejecutiva en un estudio realizado por investigadores de Baycrest, la Universidad de Toronto y la Universidad de York.
En el estudio, se mostró a los participantes imágenes detalladas y se les pidió que las describieran con sus propias palabras mientras se grababa su discurso. También completaron pruebas establecidas diseñadas para medir la función ejecutiva.
Los investigadores utilizaron inteligencia artificial para analizar las grabaciones, identificando cientos de características sutiles en el ritmo y la fluidez del habla, incluyendo la duración y frecuencia de las pausas, el uso de muletillas como "eh" y "mmm", y otros patrones relacionados con el tiempo. Esas características del habla predijeron qué tan bien se desempeñaron los participantes en las pruebas de función ejecutiva, incluso después de que el análisis se ajustara por edad, sexo y nivel educativo.
Los investigadores señalaron que la función ejecutiva tiende a debilitarse con la edad y puede verse afectada en las primeras etapas de la demencia, mientras que las pruebas cognitivas tradicionales pueden consumir mucho tiempo y ser más difíciles de repetir con frecuencia debido a los efectos de la práctica. Argumentaron que una evaluación basada en el habla podría eventualmente proporcionar una forma más sencilla y repetible de monitorear los cambios cognitivos, aunque enfatizaron que se necesitan estudios a largo plazo que sigan a las personas a lo largo del tiempo antes de que dichas herramientas puedan utilizarse para distinguir el envejecimiento normal de una enfermedad temprana.