Un nuevo estudio sugiere que el Monte Etna se formó mediante un proceso inusual que involucra bolsas de magma antiguas impulsadas hacia arriba por fuerzas tectónicas. Investigadores de la Universidad de Lausana afirman que este mecanismo podría situar al volcán siciliano en una cuarta categoría poco común. Los hallazgos desafían los modelos tradicionales sobre cómo se desarrollan los grandes volcanes.
El Monte Etna, el volcán más activo de Europa, se eleva a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar en la isla italiana de Sicilia. Durante décadas, su formación ha desconcertado a los geólogos, ya que la composición química de su lava no coincide con ninguna de las tres categorías estándar.
Investigadores de la Universidad de Lausana, en colaboración con Anna Rosa Corsaro del Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia, analizaron muestras de roca que abarcan 500.000 años. Concluyen que las bolsas de magma ya presentes en el manto superior, a unos 80 kilómetros bajo la superficie, son empujadas hacia arriba a medida que chocan las placas africana y euroasiática.
El autor principal, Sébastien Pilet, afirmó que el proceso se asemeja al de los pequeños volcanes submarinos "petit-spot" identificados por primera vez en 2006. El estudio aparece en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth y podría mejorar las futuras evaluaciones de riesgos.