En su próximo libro 'Shelter From the Storm', el periodista Julian Hattem sostiene que la migración insuficiente en medio del cambio climático atrapa a las poblaciones vulnerables en peligro. Basándose en historias del Corredor Seco de Guatemala, ilustra cómo mudarse podría proporcionar alivio económico y construir resiliencia mediante remesas. Hattem sugiere que los gobiernos deberían fomentar tales movimientos para contrarrestar las amenazas ambientales.
El libro de Julian Hattem 'Shelter From the Storm: How Climate Change Is Creating a New Era of Migration', que se publicará el 6 de enero de 2026 por The New Press, examina cómo los impactos climáticos obstaculizan la movilidad de los más pobres del mundo. En el Corredor Seco de Guatemala, cerca de Jocotán, Hattem conoce a Elena, una madre de 38 años con siete hijos. Su familia sobrevive con los ingresos irregulares de la agricultura de su esposo, pero las sequías reducen las cosechas e inflan los costos. La hija de 5 años de Elena necesita atención cardíaca sin tratar, y su hijo de 19 años abandonó la escuela durante la COVID-19 por cuotas mensuales de 40 dólares. La migración a Estados Unidos los tienta, pero contratar a un coyote cuesta miles, arriesgando su tierra como garantía. La deportación, lesiones o muerte en ruta podrían empeorar su situación.
Hattem describe a tales 'poblaciones atrapadas' como las víctimas más graves del cambio climático. Los grupos vulnerables —discapacitados, ancianos, pobres— enfrentan mayores riesgos en desastres; durante el huracán Katrina, la mitad de las fatalidades tenían 75 años o más. Las barreras legales y las distancias agravan los peligros: la ONU registra más de 72.000 muertes o desapariciones de migrantes de 2014 a 2025, probablemente subreportadas. Los endurecimientos fronterizos obligan a rutas más riesgosas, como los desiertos entre EE.UU. y México, donde el calentamiento amplifica la deshidratación y el golpe de calor.
Sin embargo, la migración genera beneficios. Datos del Banco Mundial muestran que los salarios se triplican o sextuplican para quienes se mudan de países de bajos a altos ingresos. Las remesas sostienen los lugares de origen: en Guatemala, el 30% de los hogares del norte reciben unos 350 dólares mensuales, superando los ingresos por exportaciones. Hattem visita a Consuela, de 40 años, en Barbasco; los fondos de su hijo en Nueva York construyen una nueva casa huyendo de la erosión por huracanes y sequía, que agrietó su piso. Flujos similares ayudan a agricultores de Ghana con riego, aires acondicionados en costas mexicanas y familias en Bangladés, donde representan la mitad de los ingresos.
Hattem plantea la migración no solo como escape, sino como defensa: los fondos refuerzan hogares contra desastres. Economistas abogan por subsidios para cambios urbanos que estimulen el crecimiento y la adaptación rural. El problema central, argumenta, es demasiada poca migración, no exceso.