Filipinas, que contribuye solo el 0,46% de las emisiones globales, debe priorizar el desarrollo mientras persigue metas de cero neto, según un artículo de opinión.
Filipinas se halla en el corazón de una paradoja moral en el debate climático global: genera solo el 0,46% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, pero figura entre las naciones más vulnerables a riesgos climáticos. En un artículo de opinión de Rappler, Val A. Villanueva argumenta que exigir compromisos rápidos de cero neto a una economía en desarrollo tiene poco impacto en las temperaturas planetarias, pero impone costes elevados a hogares y empresas. «Incluso si el país lograra cero neto milagrosamente de la noche a la mañana, la trayectoria del calentamiento global permanecería en gran medida sin cambios», escribe.
Cero neto significa equilibrar los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera con los eliminados. Para Filipinas, la verdadera justicia climática no está en metas simbólicas, sino en políticas que salvaguarden el desarrollo, aseguren electricidad asequible y eviten que el suministro eléctrico sea un lujo para los ricos. Villanueva defiende una estrategia energética integral: escalar agresivamente renovables manteniendo suministro base fiable de fuentes como carbón y gas hasta que el almacenamiento energético sea viable y rentable.
«La asequibilidad debe ser la verdadera guía», enfatiza, pues los altos precios de la electricidad avivan la inflación, desalientan inversiones y erosionan empleos. El desarrollo mismo es la defensa más sólida contra choques climáticos, fomentando resiliencia y adaptación. En última instancia, el pragmatismo disciplinado es clave para edificar una economía lo suficientemente robusta para transitar a la descarbonización sin colapsar.