En julio de 2026, México, Estados Unidos y Canadá iniciarán la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), un proceso clave que podría extender el acuerdo por 16 años más o abrir negociaciones prolongadas. Esta evaluación llega en un momento de tensiones políticas, con declaraciones desde Washington sobre la posibilidad de vivir sin el tratado, y coincide con desafíos en la industria automotriz mexicana, que enfrenta declives en exportaciones y la llegada de vehículos chinos. Empresarios y expertos enfatizan la importancia de la integración regional para mantener la competitividad.
La revisión del TMEC, programada para julio de 2026, no implica una renegociación inmediata, sino una evaluación cada seis años que permite prorrogar el acuerdo por 16 años adicionales si hay consenso entre las partes. De lo contrario, se inicia un periodo de hasta 10 años de reuniones anuales para buscar un nuevo entendimiento. Este mecanismo, diseñado desde el origen del tratado, busca preservar la estabilidad en la integración norteamericana, a pesar del ruido político reciente.
Desde Estados Unidos, se han escuchado voces que afirman que el país 'podría vivir sin el tratado', mientras que Canadá busca alternativas frente a posturas más duras. Sin embargo, la realidad económica subraya la interdependencia: décadas de cadenas de valor entrelazadas hacen improbable una desintegración repentina. Empresarios, especialmente estadounidenses, han presionado a su gobierno sobre la relevancia estratégica del TMEC, junto con gobernadores y legisladores que ven en el comercio regional un motor de desarrollo local.
En este contexto, la industria automotriz mexicana enfrenta retos significativos. Entre 2018 y 2024, las exportaciones manufactureras automotrices crecieron a un 4.9% anual, pero en 2025 cayeron un 4.2%, pasando de representar el 33% del total de exportaciones manufactureras en 2022 al 27% el año pasado. Esta tendencia a la baja resalta la necesidad de redefinir el sector, como se discutió en una reciente reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum.
Factores externos agravan la situación: la influencia china ha diversificado las importaciones mexicanas, reduciendo la participación de Estados Unidos, mientras que propuestas de Donald Trump buscan aranceles altos a vehículos chinos y priorizar producción estadounidense. Tendencias clave incluyen el enfoque en el automóvil como activo estratégico, el auge de la electromovilidad —donde el valor se traslada a baterías y software—, regulaciones más estrictas en trazabilidad y ciberseguridad, y la necesidad de mejorar competitividad doméstica mediante energía confiable y Estado de derecho.
México debe priorizar el sector automotriz en la revisión del TMEC, enviando señales de certidumbre a inversionistas. La experiencia de la revisión anterior bajo Trump, que resultó en un tratado renovado pese a tensiones, sugiere que la sustancia económica prevalecerá sobre el ruido político. Consolidar la integración norteamericana podría posicionar a la región como un bloque competitivo globalmente.