A partir del 1 de enero de 2026, México aplicará aranceles más altos a las importaciones de países sin tratados comerciales, como China, afectando especialmente al sector automotriz. La medida busca fortalecer la industria nacional, aunque genera preocupación por el freno al desarrollo tecnológico chino. Las marcas chinas mantienen confianza en el mercado mexicano gracias a sus plantas locales.
El gobierno mexicano publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto que modifica la Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación (LIGIE), afectando mil 463 fracciones arancelarias. De estas, nueve corresponden directamente a automóviles y autopartes. Los aranceles aplicarán a importaciones de China, India, Corea del Sur, Brasil y Rusia, con tasas del 5 al 50 por ciento.
Para autos ligeros, el arancel sube al 50 por ciento, desde el 15-20 por ciento anterior. Las autopartes enfrentarán gravámenes de hasta el 50 por ciento, según el componente. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, indicó que esta medida espera recaudar más de 70 mil millones de pesos, con un impacto inflacionario marginal de 0.2 por ciento.
Las automotrices chinas enfrentan desafíos como la calidad de sus vehículos de entrada, que dependen de estrategias complejas de refacciones y garantías. Sin embargo, sus precios iniciales son hasta 30 por ciento más bajos que la competencia. Muchas marcas chinas tienen plantas en México, lo que compensa importaciones con exportaciones y mantiene precios competitivos.
La Electro Movilidad Asociación (EMA) discute que estos aranceles del 50 por ciento desaceleran el crecimiento de tecnologías chinas. A pesar de los obstáculos, las marcas chinas confían en un buen crecimiento de ventas y posicionamiento en México.