Tras las primeras informaciones sobre el plan de la Comisión Europea para suavizar la prohibición de los motores de combustión en 2035 con un objetivo de reducción del 90% de CO2, Alemania reclama el éxito en medio de presiones geopolíticas y económicas cambiantes, con flexilidades que permiten la producción continuada de motores de gasolina y diésel.
Basándose en el ajuste propuesto por la Comisión Europea a las normas de emisiones de vehículos de 2035 —del 100% de reducción de CO2 al 90%—, Alemania ha declarado una victoria política. El líder del PPE Manfred Weber celebró la medida como el fin del 'fin de los motores de combustión' en una cumbre en Heidelberg con el canciller Friedrich Merz, señalando que fabricantes como BMW y Audi podrán mantener la producción de motores de gasolina y diésel después de 2035.
Esta revisión se remonta al Green Deal de 2019, concebido en un momento de fuerte impulso verde pero remodelado por la Covid-19 y la invasión de Rusia a Ucrania. Los cambios reflejan presiones industriales y cambios políticos desde las críticas iniciales del eurodiputado verde Michael Bloss y del socialdemócrata Tiemo Wölken, que denunciaron procesos antidemocráticos.
El anuncio oficial está previsto para el martes, liderado por la vicepresidenta Stéphane Séjourné y otros, introduciendo 'flexibilidades' junto con medidas para vehículos de baterías y de servicio. La aprobación aún requiere mayoría en el Parlamento Europeo y 15 Estados miembros (65% de la población), con divisiones entre los Estados del norte que favorecen normas estrictas y los grandes como Alemania, Italia y Polonia que impulsan relajaciones.