Los científicos han utilizado enjambres de terremotos minúsculos para mapear una estructura tectónica oculta e intrincada bajo el norte de California. Esta región, en la intersección de la falla de San Andreas y la zona de subducción de Cascadia, involucra cinco piezas en movimiento en lugar de las tres esperadas. Los hallazgos ayudan a explicar eventos sísmicos pasados y mejorar las predicciones de riesgos.
En un estudio publicado el 15 de enero en la revista Science, investigadores del U.S. Geological Survey, la University of California, Davis, y la University of Colorado Boulder analizaron temblores débiles demasiado leves para que los humanos los sientan. Estos terremotos de baja frecuencia ocurren donde las placas tectónicas se deslizan una contra la otra, proporcionando pistas sobre el subsuelo en la Triple Junction de Mendocino, frente a la costa del condado de Humboldt. La unión marca el punto donde se encuentran tres placas principales: al sur, la placa del Pacífico se desliza al noroeste pasando por la placa Norteamericana a lo largo de la falla de San Andreas; al norte, la placa Gorda —parte de la placa Juan de Fuca— se subduce hacia el este bajo la placa Norteamericana. Sin embargo, el equipo descubrió que la configuración es más compleja, involucrando cinco componentes. Un bloque de la placa Norteamericana se ha desprendido y se está hundiendo con la placa Gorda, mientras que al sur de la unión, la placa del Pacífico arrastra el fragmento Pioneer —un remanente de la antigua placa Farallon— bajo la placa Norteamericana a lo largo de una falla casi plana e invisible. «Si no entendemos los procesos tectónicos subyacentes, es difícil predecir el riesgo sísmico», dijo Amanda Thomas, profesora de ciencias de la Tierra y planetarias en UC Davis y coautora del estudio. Los investigadores desplegaron una red densa de sismómetros en el Pacífico Noroeste para capturar estos eventos diminutos. Validaron su modelo observando cómo las fuerzas de las mareas lunares y solares modulan los terremotos, incrementándolos cuando se alinean con el movimiento de las placas. Esta visión revisada explica anomalías como el terremoto de magnitud 7,2 de 1992, que ocurrió a una profundidad inesperadamente superficial. «El límite de la placa parece no estar donde pensábamos», señaló la coautora Kathryn Materna. El trabajo, financiado por la National Science Foundation, subraya la necesidad de modelos refinados en esta zona de alto riesgo propensa a grandes terremotos.