Un nuevo estudio de la Universidad de Yale demuestra que el ADN heredado de los extintos denisovanos sigue afectando la función inmunitaria y el desarrollo esquelético de las personas en la Oceanía cercana. Los investigadores secuenciaron los genomas de 177 individuos de 12 poblaciones e identificaron más de 3.100 variantes genéticas activas. Los hallazgos se publicaron el 11 de junio en la revista Science.
El equipo de investigación combinó las nuevas secuencias con 1.284 genomas publicados anteriormente de todo el mundo. Descubrieron que los ancestros de las poblaciones de Oceanía cercana se cruzaron con al menos tres grupos denisovanos distintos hace más de 45.000 años.
La autora principal, Serena Tucci, señaló que el estudio va más allá de la simple identificación de ADN antiguo para mostrar cómo este activa o desactiva genes de forma activa. Muchas de las variantes afectan la vía de señalización del interferón gamma, que ayuda a defenderse contra virus y bacterias.
El primer autor, Patrick Reilly, observó que los genes denisovanos parecen haber reforzado la inmunidad contra patógenos encontrados durante la migración humana hacia la región. El equipo también vinculó algunas variantes con el gen TRPS1, que desempeña un papel en el desarrollo esquelético.
Tucci añadió que el trabajo destaca cómo los eventos de cruzamiento antiguos permanecen profundamente entrelazados con la biología humana moderna. El estudio recibió financiación de los Institutos Nacionales de Salud.