Investigadores chinos han desarrollado un material de cátodo orgánico innovador que permite a las baterías funcionar de manera eficiente y estable en temperaturas extremas, desde bajo cero hasta 80 grados Celsius. El material aborda los problemas de costo y seguridad de las baterías de ion-litio convencionales y tiene potencial para dispositivos wearables. El estudio, liderado por Xu Yunhua de la Universidad de Tianjin y Huang Fei de la Universidad de Tecnología del Sur de China, se publicó en Nature el 18 de febrero.
Investigadores chinos han logrado un avance en baterías orgánicas, utilizando poly(benzodifurandione) (PBFDO) como material de cátodo orgánico. Este material permite un rendimiento eficiente y estable en un rango de temperaturas extremas, desde bajo cero hasta 80 grados Celsius (176 grados Fahrenheit). Las baterías de ion-litio convencionales suelen usar minerales inorgánicos como óxido de litio cobalto o fosfato de hierro de litio como materiales de cátodo. Sus costos de producción dependen de los recursos minerales disponibles y representan riesgos de seguridad en caso de colisión o sobrecalentamiento. Para abordar estos desafíos, los investigadores han explorado materiales orgánicos flexibles como alternativas. Estos materiales son inherentemente estables, reduciendo el riesgo de combustión o explosión, y son más fáciles de sintetizar y reciclar. Su resistencia a la flexión también los convierte en candidatos prometedores para dispositivos wearables. Sin embargo, los materiales orgánicos generalmente sufren de baja conductividad eléctrica, a menudo requiriendo grandes cantidades de aditivos conductores. Las pequeñas moléculas orgánicas también tienden a disolverse en el electrolito, lo que lleva a una vida útil más corta de la batería. Según un informe publicado por China Science Daily la semana pasada, investigadores chinos han dado un paso crucial hacia la aplicación práctica de baterías orgánicas fuera del laboratorio. La investigación fue liderada por Xu Yunhua de la Universidad de Tianjin y Huang Fei de la Universidad de Tecnología del Sur de China. Sus hallazgos se publicaron en Nature el 18 de febrero. Este desarrollo podría llevar las baterías orgánicas del laboratorio a la realidad, particularmente para electrónicos wearables.