Más de dos años después de que el vicepresidente cubano Jorge Luis Tapia Fonseca instara a los cubanos a criar peces en casa, la idea sigue generando más burlas que almuerzos familiares. A pesar de la lógica detrás de la propuesta de acuicultura a pequeña escala, la falta de apoyo gubernamental ha impedido su implementación efectiva. La sobreexplotación de los recursos marinos y la crisis económica agravan la escasez de pescado en el país.
La propuesta de Tapia Fonseca, hecha hace más de dos años, buscaba inspirarse en modelos asiáticos de acuicultura que proveen proteínas de alta calidad a bajo costo, promovidos por la ONU en países en desarrollo. Sin embargo, como en iniciativas previas de cría de cerdos y cultivo de arroz en la década de 2010, el gobierno solo ofreció la idea sin recursos, incentivos fiscales o apoyo para inversiones privadas o extranjeras.
Un estudio de 2018 en la Revista Cubana de Investigaciones Pesqueras reveló que el 79.6% de los recursos pesqueros marinos estaban sobreexplotados o colapsados, con todas las zonas de la costa norte en niveles alarmantes. La primera ley de pesca de julio de 2019 no alteró esta realidad, y las autoridades han optado por endurecer penas y extender moratorias, como la prohibición de cinco años para capturar el mero criollo desde diciembre de 2024, para rescatar especies en colapso.
Las empresas pesqueras estatales, cuya captura se destina principalmente a exportaciones de langosta y camarón, vieron una caída del 73% en exportaciones entre 2019 y 2023. En este contexto, pescadores como Raciel operan en una zona gris de ilegalidad. Con permisos de pesca deportiva, viaja cuatro veces por semana desde Camagüey a embalses como La Jía y Jimaguayú para capturar tilapias y bagres durante la temporada seca hasta mayo. "Como tal, no estamos autorizados a pescar para la venta", explica Raciel, quien vende informalmente a precios bajos: menos de 250 pesos por libra de bagre, comparado con 650 pesos por cerdo.
En un país donde el salario mínimo es de 2.100 pesos (menos de 5 dólares) y el promedio de 2025 cerró en 6.700 pesos (alrededor de 14 dólares), estos ingresos informales son vitales. La acuicultura podría aliviar la escasez, pero requiere inversiones que el gobierno no puede proveer.