Neels Loff, nacido en 1976 en una familia de pescadores en Hawston, se vio excluido del sistema de cuotas sudafricano pese a obtener su licencia de patrón. Forzado a lo que las autoridades llaman furtivismo, describe una vida de inmersiones nocturnas y peligros impulsados por necesidades de supervivencia. Su historia resalta las injusticias que enfrentan los pescadores indígenas en un marco regulatorio roto.
Neels Loff creció en Hawston cerca de Hermanus, inmerso en el mar desde pequeño. Nacido en 1976, acompañaba a su padre en viajes de pesca desde los seis años, pescando a mano y ganando lo suficiente para comprar su primer par de zapatillas North Star. Su padre pasaba semanas en grandes arrastreros, procesando capturas en harina de pescado en el mar. La familia dependía de la pesca, la huerta y el ganado para subsistir. nnLa introducción del sistema de cuotas trastocó esta vida. Loff dejó la escuela en 7º grado y trabajó en varios barcos a lo largo de la costa, de Hawston a Port Nolloth. Pese a obtener su licencia de patrón en 2002, le negaron una cuota por trabas burocráticas. «Tengo que vivir», dice. «Tengo licencia de patrón, pero no cuota. ¿Qué más debo hacer?» nnExcluido de la pesca legal, Loff se volvió al buceo de abulón, que ve como ejercicio de derechos indígenas más que furtivismo. Las inmersiones nocturnas implican trajes de neopreno, cilindros y luces en aguas negras como boca de lobo entre bosques de kelp. Abundan los peligros: tiburones, barcos pasando y mares bravos. Una vez, frente a Cape Point, su barco huyó de posible policía, dejándolo nadar 300-400 metros a la orilla en la oscuridad durante cinco horas con otros. nnEl comercio de abulón alimenta sindicatos con jefes chinos dirigiendo pandillas locales. Los pagos pasaron de efectivo a drogas como heroína y tik, generando violencia y tiroteos. Policía e inspectores de pesca están implicados en sobornos y reventa de existencias confiscadas. «La policía lo manejaba todo para que no hubiera problemas», relata Loff. nnLoff ha estado preso dos o tres veces por sus capturas, que considera derecho ancestral. En 2023, un fiscal en corte afirmó que los pueblos indígenas deben recuperar sus recursos. Sin embargo, el trato sigue duro; lo golpearon por tener dagga, ahora legal. Loff ansía pesca legal pero insiste en la ley nativa si se le niega. «Si nos dejaran hacer lo que nos enseñaron nuestros padres, nada se dañaría», asegura. nnSu relato subraya fallos sistémicos que criminalizan medios de vida tradicionales, fusionando supervivencia con llamadas más amplias a la justicia ambiental.