El índice de masa corporal (IMC) se utiliza ampliamente para evaluar la salud, pero tiene defectos significativos para valorar a los individuos. Desarrollado originalmente para estudios poblacionales, el IMC no distingue entre músculo, hueso y grasa, pudiendo clasificar erróneamente a personas en forma como con sobrepeso. Los expertos recomiendan métricas alternativas que mejor consideren la distribución de la grasa y los riesgos generales para la salud.
Carissa Wong, una escritora de New Scientist, calculó recientemente su IMC y se encontró clasificada como con sobrepeso a pesar de mantener un estilo de vida saludable. Come muchas frutas y verduras, prioriza la fibra, practica escalada dos veces por semana y sale a correr durante los almuerzos cuando es posible. Esta experiencia personal destaca preocupaciones más amplias sobre la fiabilidad del IMC. El IMC, calculado dividiendo el peso de una persona por su altura al cuadrado, fue inventado en el siglo XIX por el matemático Adolphe Quetelet para monitorear tendencias poblacionales en altura y peso, no la salud individual. Ganó popularidad en los años 70 como un método simple para estimar la grasa corporal y las tasas de obesidad usando solo una cinta métrica y básculas. En 1997, la Organización Mundial de la Salud lo adoptó como herramienta estándar de salud debido a su facilidad de uso. Hoy, el IMC influye en el acceso a tratamientos como cirugías de rodilla, fármacos para la pérdida de peso GLP1 y cuidados de fertilidad. Las categorías estándar incluyen bajo peso por debajo de 18.5, sobrepeso de 25 a 29.9 y obesidad por encima de 30, con el objetivo de reducir riesgos e mejorar resultados. Sin embargo, el IMC pasa por alto las diferencias entre hueso, músculo y grasa. Por ejemplo, individuos con alta masa muscular, como escaladores que desarrollan fuerza en los brazos, pueden parecer con sobrepeso u obesos a pesar de estar en forma. Por el contrario, un IMC en el rango saludable puede ocultar grasa corporal peligrosamente baja, lo que lleva a problemas como la interrupción de la menstruación, huesos frágiles, infartos y esterilidad. El IMC también ignora la ubicación de la grasa; la grasa visceral alrededor de los órganos abdominales aumenta los riesgos de enfermedades cardíacas, hipertensión y diabetes tipo 2 más que la grasa en las extremidades o caderas. Existen mejores alternativas. Un estudio clave mostró que la relación cintura-cadera supera al IMC en la predicción de riesgos de infarto y mortalidad. El índice de cintura ajustado por peso, que divide la circunferencia de la cintura por la raíz cuadrada del peso corporal, destaca mejor los peligros de la grasa visceral. El índice de redondez corporal (BRI), que incorpora altura, cintura y peso, mide con mayor precisión la grasa total y visceral que el IMC solo. Los dispositivos que usan electricidad de bajo voltaje también pueden mapear la distribución de grasa. Aunque el IMC puede señalar cuándo se necesita atención médica por cambios en la grasa corporal, Wong sugiere priorizar hábitos como consumir frutas y verduras, fomentar lazos sociales, asegurar el sueño y hacer ejercicio regularmente en lugar de obsesionarse con los números.