Debido a la situación actual en Cuba, estudiantes de preuniversitario han sido enviados a sus localidades de origen y ahora asisten a escuelas primarias o de básica cercana, enfrentando escasez de transporte y profesores especializados. La autora Fabiana del Valle describe cómo su hija, que debería estudiar fórmulas químicas y ecuaciones, se ve obligada a sentarse en pupitres pequeños junto a niños de grados inferiores en una escuela rural. Esta medida resalta desigualdades entre áreas urbanas y rurales en el acceso a la educación.
Fabiana del Valle, en su diario publicado en Havana Times el 1 de marzo de 2026, relata la creciente crisis en Cuba que afecta la educación. Los apagones se multiplican como plagas bíblicas, el combustible escasea y el transporte público es casi inexistente, obligando a los estudiantes de internados a regresar a sus hogares. Se suponía que asistirían a centros preuniversitarios cercanos, pero la falta de transporte hace imposible incluso recorrer cinco kilómetros.
Como 'solución brillante', las autoridades permiten que asistan a la escuela más cercana, independientemente de si es primaria o de básica. Del Valle describe la escena absurda: adolescentes de preuniversitario sentados en pupitres pequeños y destartalados, esperando a un profesor especializado que no aparece, mientras un solo docente atiende a tercer, cuarto, quinto y sexto grados simultáneamente. 'Mi hija debería enfocarse en fórmulas químicas, células y ecuaciones, pero en su lugar asiste a su pequeña escuela rural', escribe la autora.
Esta medida no se aplica uniformemente: los niños en ciudades y pueblos continúan recibiendo clases y evaluaciones en sus centros habituales. Del Valle cuestiona si esto revierte a regiones rurales con altos niveles de analfabetismo y enfatiza que la educación es un derecho universal. Expresa temor por el futuro de su hija, desmantelado 'pieza por pieza', sin oportunidades básicas ni herramientas para un mundo que no perdona la improvisación.
Las autoridades implementan 'medidas provisionales' que, según Del Valle, suelen volverse permanentes. En medio de la escasez de gasolina —6.000 pesos por litro, unos 12 dólares estadounidenses— y el auge de bicicletas como símbolo de estatus, la involución educativa preocupa más que los precios de arroz o aceite. 'No quiero que mi hija sobreviva a los apagones como si fueran estaciones del año; quiero que aprenda ciencia de verdad', concluye, firme en su convicción de no aceptar un futuro incierto.