Nueva investigación indica que la mayor luna de Saturno, Titán, pudo originarse en la colisión de dos lunas anteriores hace cientos de millones de años. Este evento podría haber remodelado el sistema de lunas del planeta y contribuido a la formación de sus anillos. Las pistas incluyen la órbita de Titán, sus características superficiales y el comportamiento de la luna Hiperión.
Un estudio dirigido por el científico del Instituto SETI Matija Ćuk sugiere que Titán se formó mediante la fusión de dos proto-lunas, un evento que ocurrió hace cientos de millones de años. Esta colisión colosal no solo creó Titán, sino que también perturbó el sistema de satélites de Saturno, posiblemente dando lugar a sus prominentes anillos. La nave Cassini de la NASA, durante su misión de 13 años, reveló inconsistencias en la distribución de masa interna de Saturno. Las mediciones mostraron que la masa del planeta está más concentrada hacia su centro de lo que se pensaba, alterando su tasa de precesión y desacoplando su influencia de Neptuno. Propuestas anteriores de investigadores del MIT y UC Berkeley planteaban una luna adicional que fue eyectada tras interactuar con Titán, y cuyos restos formaron los anillos. Sin embargo, las simulaciones del equipo de Ćuk indican que esta luna extra probablemente colisionó con Titán. Una pista clave proviene de Hiperión, la pequeña luna de Saturno que gira de forma caótica, cuya órbita está bloqueada con la de Titán. «Hiperión, la más pequeña entre las principales lunas de Saturno, nos proporcionó la pista más importante sobre la historia del sistema», declaró Ćuk. El equipo señala que este bloqueo orbital es relativamente joven, datado en unos cientos de millones de años atrás, coincidiendo con la desaparición de la luna extra. En el modelo, Titán resultó de la fusión de un gran cuerpo llamado Proto-Titán, casi tan masivo como la luna actual, y un Proto-Hiperión más pequeño. Este impacto habría renovado la superficie de Titán, explicando su escasez de cráteres y su órbita ligeramente elongada, que se está circularizando gradualmente. Antes de la fusión, el Proto-Titán pudo haber parecido a la luna craterizada de Júpiter, Calisto. Los efectos gravitatorios de la fusión podrían haber desestabilizado las lunas interiores mediante resonancias orbitales, provocando colisiones cuyos restos formaron los anillos, estimados en unos 100 millones de años de antigüedad. Además, el evento podría explicar la órbita inclinada de la lejana luna de Saturno, Jápeto. La misión Dragonfly de la NASA, programada para llegar a Titán en 2034, podría poner a prueba estas ideas examinando la geología superficial en busca de signos de un antiguo resurfacimiento por una colisión mayor hace aproximadamente medio mil millones de años. La investigación ha sido aceptada para publicación en el Planetary Science Journal, con un preimpreso en arXiv.