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Balance scale illustration showing short sleep as a top risk for lower life expectancy, stronger than diet or inactivity but behind smoking, per OHSU study.
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Estudio de OHSU encuentra que dormir poco está fuertemente asociado con menor esperanza de vida en condados de EE.UU.

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Un nuevo análisis de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón de datos de condados de EE.UU. de 2019 a 2025 encontró que dormir regularmente menos de siete horas por noche está asociado con una esperanza de vida más corta. En los modelos de los investigadores, el vínculo entre sueño y longevidad fue más fuerte que las asociaciones observadas para dieta, actividad física y aislamiento social, y solo fue superado por el tabaquismo.

Una nueva investigación del MIT revela que cuando las personas privadas de sueño experimentan lapsos de atención, sus cerebros activan ondas de líquido cefalorraquídeo para eliminar desechos, imitando un proceso similar al sueño. Esta compensación interrumpe el enfoque temporalmente, pero puede ayudar a mantener la salud cerebral. Los hallazgos, publicados en Nature Neuroscience, destacan la respuesta adaptativa del cerebro ante el descanso perdido.

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Una nueva revisión de estudios indica que un mayor consumo de fibra dietética podría mejorar la calidad del sueño al apoyar bacterias intestinales beneficiosas. Los investigadores encontraron menor diversidad en los microbiomas intestinales de personas con trastornos del sueño, particularmente niveles reducidos de bacterias antiinflamatorias. Esto apunta a posibles intervenciones dietéticas, aunque se necesita más investigación para confirmar la causalidad.

Una noche sin dormir bien puede dejar agotados y alterar la dieta, pero la experta Mariel Silva aconseja no culparse y priorizar el descanso. El desequilibrio hormonal aumenta el apetito por alimentos poco saludables. Enfocarse en hábitos para mejorar el sueño nocturno es clave.

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Investigadores han identificado cinco tipos de patrones de sueño entre adultos jóvenes, cada uno asociado con problemas específicos de salud mental y diferencias en la actividad cerebral. El estudio resalta cómo las alteraciones del sueño, el uso de ayudas y la corta duración se conectan con la cognición, las emociones y los comportamientos. Estos perfiles ofrecen nuevas perspectivas sobre el amplio impacto del sueño en el bienestar.

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