En una noche oscura en las calles de La Habana, una familia descubrió a una pequeña gatita abandonada que cambiaría sus vidas. La criatura, rescatada de entre la basura, se convirtió rápidamente en un miembro querido del hogar, ofreciendo consuelo en tiempos difíciles. Nombrada Aria, la gatita ha traído risas y un nuevo propósito a su rutina diaria.
La historia comienza en una noche típica en La Habana, donde las calles permanecen oscuras y silenciosas, como si el tiempo se hubiera detenido en la isla. Mientras una pareja caminaba hacia su casa, un maullido insistente rompió el silencio, atrayendo su atención. El esposo, impulsado por su instinto de rescatador, utilizó la luz de su teléfono para buscar entre la basura y los escombros, localizando a la diminuta criatura.
La gatita era tan pequeña que sus ojos apenas parecían abiertos. Al colocarla en los brazos de su esposa, dejó de maullar y se acurrucó confiada, dejando atrás el hambre, el frío y la soledad. En casa, sin leche disponible, le ofrecieron pescado frito y salchicha, que devoró con avidez, hinchando su barriguita. Elegir un nombre fue sencillo: Aria, inspirado en un personaje feroz y pequeño de Juego de Tronos.
Para la autora, Fabiana del Valle, cuidar de un gato era una novedad; su hogar siempre había estado lleno de perros leales y ruidosos. Adaptarse a la independencia felina ha sido un proceso de aprendizaje constante. Aria no obedece órdenes; en cambio, negocia su espacio y reclama territorio con sus grandes ojos verdes, que parecen evaluar todo a su alrededor.
Desde el primer día, la gatita se apoderó de la cama, un rincón de la cocina y un gran pedazo de sus corazones. Sus travesuras provocan risas: juega con pelotas junto al esposo, se lanza sobre la fregona durante la limpieza y responde cuando la llaman por nombre. A pesar de su juventud, respeta límites claros: no sube a la encimera de la cocina, no sale al exterior, no visita a los vecinos ni toca los acuarios de peces.
En una vida marcada por la oscuridad y la desesperanza, Aria ha surgido como un bálsamo inesperado. Llega sin fanfarrias ni promesas, pero afirma su lugar y ofrece un motivo adicional para perseverar. Como reflexiona del Valle, el amor puede manifestarse de esta manera sutil, reclamando espacio sin permiso y decidiendo quedarse.